Programa 25. Sexo y poesía. El deseo

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He aquí los poemas y algunos de los vídeos de los que disfrutamos en el programa 25 de los Locos de la Luna.

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Luis Oroz, Mareas

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El ancla de sus brazos sujetaba el impulso

de la felicidad.

Yo icé las velas blancas del deseo

y el mundo fue moviéndonos hacia quién sabe cuando.

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Abrí mi aliento y dije; no seas tímida,

deja que yo reinvente tus sentidos,

deja que retroceda, que descubra

el fondo de tu luz,

que el aire sepa

que voy a estar en ti

como una frase

que poco a poco va desarropándote.

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Que el aire sepa

a dilatada piel, a espalda curva,

a vértice de manos en las manos.

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Abrí su boca entera con mi boca

y le hundí las palabras

como barcos que abrazan su tesoro escondido.

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Todo empezó a moverse, fuimos náufragos

sobre el piélago azul de su mirada.

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Después nadamos juntos,

yo encontraba en su cuerpo, ella buscaba

en el mástil la sal, en la humedad

un indicio del fin, en las mareas

la orgásmica razón del cielo abierto.

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Nos re-corrimos juntos,

ella en mi pulso,

yo en la cartografía

que trazaba en su piel mi acuoso pensamiento.

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El ancla de mis brazos en sus brazos,

mi espuma entre sus rocas

y el deseo,

país donde la vida se construye.

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Abórdame otra vez, sube a mi fondo

y atraviesa el pez rosa que se esconde en mis labios

con la afilada punta de tu pecho.

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Dolci tentazione

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Marcela Ballester, El grito del jaguar

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El grito del jaguar

es mi grito

en esta habitación que da a las estrellas

cruzaremos la línea divisoria

en donde vida y muerte

no existen

silenciosos danzantes

en extrema lentitud de fuego.

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La ciudad es un laberinto

cuando te veo llegar

y el lenguaje es otra piel

mientras las palabras me tocan.

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La seda de la serpiente

te protege en el viaje

si sos mi hombre

la señal de Jonás será tu guía

.

te espero en el pliegue del tiempo

quítate todas las máscaras,

te quiero a cara descubierta.

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Darío Senda, Pétalos

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Niebla de incienso en el aire

recorre el valle de tu espalda

suave como la piel de un ángel,

blanca como sus alas.

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Tus labios desean mi boca,

y mi boca tu lengua ávida

de claveles sombríos

que no recuerden sin habla.

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Mi cuerpo a tu encuentro,

tu gemido en mi garganta.

Dos flores se entregan

en secreto a la madrugada.

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El sudor de la locura

espanta nuestras sábanas.

Sumérgete entre mis piernas;

quiere su reino reflejar tu cara.

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Niebla de incienso en el aire,

mordiscos, asonancias.

Mis dedos en tu cabello,

y en mi vello, mar salada.

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La noche tiende un aliento

sobre temblores de plata.

Ven, ven hasta mí de nuevo…

bésame con toda el alma.

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Ya despuntan las luces,

hirientes como navajas.

Dos flores adornan

la holgura de tu cama.

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Nunca me olvides, nunca;

te llevaré en mi palabra.

Y recuérdame, recuérdame siempre,

porque a tu lado no dormiré mañana.

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Una noche en la tierra

,

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Rafel Calle, Apetitos

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De lejos me pareces atractiva, de cerca sumamente encantadora,

algo así como labio familiar, evocación del beso, griterío entre las piernas,

lengua mimosa, y el solsticio de miel de un estío mojado.

Definitivamente, mayo. Muy seductora.

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En la voz de una gaita el embrujo me lleva a un precipicio dual,

será porque me miras cuando cantan las burbujas en la costa de la suerte,

marisquera serías si no fueses instinto de dulzura y traductora

de la magia del seno en las meigas golosas.

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Marisco para libar, el vino para reír, maridaje entre las manos,

sobre la ostra el limón, percebes para sorbernos los dedos y el corazón;

por todo el agua ardiente la exudación de los abrazos.

Y quizá, unas caladas del aturdimiento que notas en el alma.

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Marcela Ballester, Desconocidos

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Desconocidos que te hacen el amor

en parajes oscuros

lobos desolados en busca de su presa,

canibalismo abismal

que me recuerda otra huida

el néctar se perdió entre los pasadizos,

la puerta de las abejas proféticas

desando la espiral

y no hubo memoria en el grito

ni desolación al caer en el abismo.

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El quebrantahuesos se vistió de púrpura fosforescente

y ya no era nadie

en la oreja que escucha y no ve la lentitud

que te rodea.

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Te aman entre árboles

que ahora son vestigios del bosque incendiado

cuando las eras hacían señales y los ojos brillaban

aun así no comprendiste.

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El dulce roedor anidó en tu cabeza

pero había demasiado ruido en tanto silencio

y yo caminando en línea recta como sonámbula

atravesando todas las regiones

aun así no viste nada

cuando el tiempo desapareció y pasaste al otro lado

los eones se volvieron transparencia.

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Un chasquido ensordecedor,

te tapaste los ojos

aunque las orugas bailaban para vos

deteniendo el instante colgadas de la estrella.

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Ahora la puerta de las abejas

cae por el hueco de los topos alucinados,

se derriten las horas en medio del desierto,

aun así te confunde tanta claridad,

los círculos en la fuente miríadas cálidas

en ciudades del pasado

tiritan hasta el encuentro

.

das el salto.

.

Luis Oroz, Callar los ojos y escuchar que existes

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Buscar donde no late el corazón latente de la búsqueda.

Recoger los escombros del deseo

y construir con ellos un recuerdo de arena.

Vivir bajo la vida, concedernos

una tregua de luz.

Dejar que vuelen, elípticas, las palabras prohibidas;

las abejas que vuelcan en tu boca la miel de la memoria.

Hundir cada pregunta en la respuesta

de lo no sucedido

y llevarse a la tumba los bastones de alguna realidad

mientras palpamos el relieve de una noche distinta,

como ciegos

que observan desde el fondo sus secretos.

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Xisco Fuster, Impregnado de ti

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Todavía huelen las puntas de mis dedos

a tu jugo virginal,

y yo camino por la calle y juego

a rascarme la nariz

junto a los chorros livianos

de una fuente al abrigo del sol.

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Recuerdo ebrio el surco arado en el suelo

anoche,

mis dedos batiendo el camino

por el que llegué a tu anhelo

deshecho en aguas pesadas.

Tú sobre la mesa de gruesa madera

y la mesa de gruesa madera avanzando

hacia la ventana, en silencio.

Afuera soplaba el viento,

la mesa, ram, ram, rascaba el suelo

en silencio, ram, ram,

tú montada en ella, a la deriva

ram, ram, la mesa,

en silencio, mis pies descalzos

sacudiendo el horizonte yermo,

la mesa contra la ventana,

afuera un rayo, un trueno, cristales

crujidos de un grito azul

y el agua de lluvia gruesa calando

el suelo nocturno

ram, ram, la entera agua del cielo dentro,

una sola sílaba ocluida:

ah,

ahogada

la noche.

.

Y ahora yo,

impregnado de ti,

no pienso lavarme

las puntas de los dedos.

.

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Cristina Moscoso, Abandono

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Se alejó con silencios,

el corazón amordazado,

donde guardaba en secreto

todo lo que no pudo dar.

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Se refugió entre olvidos,

trenes desorientados

con sus espumas rotas,

esponjas de mar y sus vacíos.

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Cerró los ojos, mirando

si algún sueño extraviado

se atrevía a esquivar

los féretros trasnochados

de tanta soledad.

.

Y se despertó de golpe,

en un mar de redes y arena,

al abrigo de celoso

del tiempo y su venganza.

Tejiendo retazos de vida

por el silencio interior

de una ciudad desconocida.

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Rafel Calle, Estirpe de soledad

.

No sé cómo pedirte un poco más de tiempo,

estoy aligerando mi carácter,

las alforjas de piedra ya no tienen remedio,

la carga es un destinatario ramplón con la paciencia,

la libertad un templo

donde aguardan costumbres imposibles de casar

cuando tienes el alma de soltero.

.

Y esa es la razón principal. Ahora reflexiono del amor,

para qué tantos amores y por qué tan pasajeros,

por qué tanto vacío esperando llenarse con amor.

Para qué enamorarme si no sé comprenderlo,

si no sé conservar la esencia de la atracción.

.

Se disipa muy temprano la voluntad del acercamiento,

en la ruda costumbre de ser en soledad.

Y ahora me pregunto el porqué de mis enamoramientos.

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Hace frío en las palabras

sin el valor de por medio.

Era un prejuicio de hombre en el antifaz de un niño,

era una cama caliente, la cercanía de un cuerpo

en la trama de un espíritu

asolado por sus miedos.

.

El hombre se hizo menor entre lunares de especie lapidaria,

casado más de tres veces y multitud de esponsales,

al final fue de mayor cuando el niño se arrugaba.

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Soledad de medio pelo,

todo multitud desierta,

solitaria seducción.

Por la soledad el miedo

a la soledad concreta.

Si las razones fueron soledades, el pálpito fue de cariño;

una forma de cumplir ofreciendo cuanto tienes, es decir, sin amor nada que dar,

y algún que otro consejo.

Mentiras al fin y al cabo, pues, sin futuro o sin atracción real,

solo queda un embustero.

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En fin, hoy te habla de paciencia el hombre que nunca fui;

en la mansión de tus ojos está llamando al deseo

el niño que ves aquí. La mirada penetrante y el picaporte caliente

yo quisiera, y el salero

por mirarte y repicar y repicar en tu puerta, y en las estancias mimosas

quisiera allanamientos,

alud y sin compasión

en los dominios de Eros.

.

En otoño la bondad,

sabiduría de pueblo,

vivir en la claridad,

estremecerse en invierno.

Ay del sentir sin tocar.

Y el sexo por alusión si el desnudo es algo cierto.

Arundhati Roy

El final de la imaginación

Estoy dispuesta a arrastrarme, a humillarme abyectamente porque, en estas circunstancias, el silencio sería insostenible. Así que todos aquellos que estén por la labor: cojamos nuestro guión, pongámonos los disfraces que ya habíamos desechado y leamos nuestras frases de segunda mano en esta triste obra de segunda mano. Pero no olvidemos que lo que está en juego es descomunal. Nuestro cansancio y nuestra vergüenza podrían significar nuestro fin. El fin de nuestros hijos y de los hijos de nuestros hijos. De todo aquello que amamos. Tenemos que buscar en nosotros mismos y encontrar la fuerza para pensar. Para luchar. Una vez más, vamos lamentablemente por detrás de los tiempos.

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George Sand

Los caballeros de Bois-Doré

Pilar tocaba el punto esencial de la situación; Mario se calmó y consintió en esperar su curación en Grenoble. Tuvo que consentir también en ver a Pilar a su lado. No podía pensar ya en entregar al rigor de la ley a la que acababa de salvarle y a quien más valía atraer por la dulzura. No se atrevía a irritarla con su desprecio, y a pesar de la invencible repugnancia que Pilar le inspiraba, se preocupaba cuando ella permanecía mucho tiempo fuera y se alegraba cuando la veía volver. Al cabo de dos o tres días, aquel estado de cosas se hizo intolerable; Pilar era incapaz de hacer ningún razonamiento moral; sólo quería que la amasen. Describía su pasión con una elocuencia salvaje, pretendiendo y creyendo efectivamente que era un amor casto, porque no era gobernado por los sentidos, y sublime, porque tenía todo el fuego de una imaginación desordenada y de un despecho exaltado. Maldecía a Lauriana, asediaba a Mario con reproches amargos y hablaba sin pudor de su pasión delante del pobre Clindor, que se abrasaba ante el fuego de aquel volcán.

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H. G. Wells

La guerra de los mundos

De día estamos tan ocupados en nuestros pobres asuntos, que nos parece imposible que alguien, allá arriba, vigile nuestros pasos y, laborioso y metódico, planee la conquista del planeta Tierra. Sólo la noche es capaz, con su oscuridad y su silencio, de crear las condiciones para que los marcianos, los selenitas y demás seres que habitan el universo, tengan cabida en nuestra imaginación.

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Max Frisch

Diarios

El lenguaje teatral es el único lenguaje de las artes en el cual la conciencia del espectador está simultáneamente sometida al estímulo de dos series asociativas de naturaleza diferente, una se origina en la percepción, es decir, aquello que veo, la materialidad de la escena: el escenario, el espacio, la gestualidad del actor, el actor mismo, la iluminación, el vestuario, todo aquello que puedo percibir, y por otra parte la serie asociativa, que se deriva de la capacidad evocadora del lenguaje, de modo que allí donde se incorpora la palabra al espectáculo, se incorpora también la imaginación en la mente del espectador. La conjunción, la tensión de estas dos series asociativas de naturaleza diferente es la esencia del lenguaje teatral. El dramaturgo debe escribir con dos manos, con una mano nos va contando todo lo que se ve, en tanto que con la otra nos va contando todo lo que se oye.

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James Joyce

Retrato del artista adolescente

A menudo se había visto a sí mismo en figura de sacerdote, provisto de aquel tremendo poder ante el cual ángeles y santos se inclinan reverentes. Su alma había cultivado secretamente aquel deseo. Se había visto a sí mismo, sacerdote joven y de maneras silenciosas, entrar rápidamente en el confesionario, subir las gradas del altar, incensando, haciendo genuflexiones, ejecutando todos aquellos vagos actos sacerdotales que le agradaban por su parecido con la realidad y por lo apartados que al mismo tiempo estaban de la realidad misma. En aquella borrosa vida que él había vivido en sus fantasías se había arrogado las voces y los gestos observados en algunos sacerdotes. Pero, sobre todo, lo que le agradaba era el desempeñar un papel secundario en estas escenas entrevistas en su imaginación. Se sustraía de la dignidad del celebrante, pues le desagradaba el pensar que toda aquella misteriosa pompa pudiera convergir hacia su propia persona o que el ritual le hubiese de asegurar un oficio tan claro y tan definido.

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Miguel de Cervantes

Don Quijote de la Mancha

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobre todo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia donde quiera que estén.

(…)

Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamientos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas sonadas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo.

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