Programa 24. Sexo y poesía I. El desamor

Estándar

Los Locos de la Luna se complace en presentar su nuevo formato en la lectura de poemas, visionado de artísticos audiovisuales y un guiño exacto al teatro para complacer a los visitantes libretarios.

En esta ocasión, tal y como merecía el tema (no es que el sexo merezca más que los otros temas pues la poesía se encuentra por encima de la carne, y dentro de ella,  sino que lo merece, pues el sexo es, dicho y reconocido por todos, menos por los apóstatas tentaculares de la Naturaleza, un instinto que necesitamos sofocar a cambio de no volvernos locos) la librería se llenó de personas de edades varias aunque primaban las ejecutadas en años, pues es normal, dado que la carne fresca no precisa de aderezos.

Y tú, ¿te lo perdiste?


.

Xisco Fuster, Amar el mar

Hace falta amar

los detalles,

la efímera intimidad de las gotas

el minúsculo palpitar del tiempo,

las naturalezas modestas

arrullarlas con la yema de los dedos,

gozar sin tocar,

sin aplastar

sin matar,

sumergirnos en el océano de odiseas cobalto

y de cemento marfil

y de barro pastel

zambullirnos en el plancton efervescente

oler anémonas

nadar el abismo en el que sedimentan los anhelos

con las manos abiertas,

nunca solos,

nunca.

Nosotros,

el mar

los brazos desnudos

las odiseas y los cuentos de amor

aprender a meditar nuestras heridas,

ser mar

y rincones,

resucitar hirviendo vientos

eyaculados entre las rocas

y volver a caer espuma

en el mar que tanto amas.

 


Darío Senda, Fragmentos

 

En un frío mes de enero,

mientras la lluvia trazaba

el contorno de tu rostro

sobre mi piel solitaria,

le supliqué al corazón

que de recordar cesara,

pues las heridas que guarda

son arco iris de lágrimas

y rendido está mi cuerpo,

exhausta toda su alma,

de esperar, eternamente,

tu regreso a la mañana.

 

Dejé mi mano en silencio

prender una pluma blanca

y al turbado sentimiento

debatirse entre palabras,

porque la noche no quiere,

ni implora, mil lunas falsas

o ser semejante al día

que irradia luz y esperanza.

Y porque el tiempo me vence

muy por encima del ansia

aunque sus cautivos años

busquen con celo la calma

y más cuando todavía,

ante el olvido y sin nada,

se reflejan en mis ojos

la amarga sal de tus páginas.

 

No tengo miedo a la muerte,

el temor es fuente esclava,

tan sólo a morir sin ti,

sin ti en la noche estrellada;

y ningún odio retiene

la viva voz de mi carta,

porque serena comprende

que nos abandonó el alba,

mucho antes de percibir

en nuestra sangre su falta.

 

Por ello, por tu recuerdo,

febril mi letra reclama,

en un frío mes de enero,

que la lluvia acalle el agua

para poderme encontrar

con mi corazón sin alma,

y en soledad descansar

del amor que a ti me ata.

.

.

Rafel Calle, La combustión del agua

 

Me da miedo pensar en la fusión del agua.

 

Horno, cuerpo, gemidos.

 

Prende la melodía en la fascinación de tu figura,

los dedos son un río por tus manos; la vocación del agua son anillos.

Mística y piel convergen, se abrigan. Iconos en imágenes convulsas,

están y son; regresan de los marcos sin grafismo.

 

Me despiertas la sed de las batallas.

La lid es un incendio en los sentidos,

ciclones por el vientre, temblor en los refugios,

los rayos son pellizcos

en la acidez de los temores;

una guerra perdida en el instinto.

 

Por la sinceridad del aire que nos besa

el labio es un ardid, rojo que firma un armisticio.

La lumbre calma, palpitación del tuétano,

húmedos los sudarios; un cigarrillo.

 

Y quién sabrá del fuego sin tus ojos,

profundidad del orbe, la combustión del agua, pólvora del erotismo,

chispa -en los haces- que enciende tu mirada

en la cuenca de los mitos.

 

Arde en realidad un elemento mágico,

llamas sin condición en lo hermoso del oxígeno.

.

.

Marcela Ballester

 

Y los cuerpos eran sagrados

y dulces tras los velos

de las mariposas

un dibujo del origen

en el caldo cósmico

de la fertilidad.

 

Me ves llegar

con mi diadema de luz

poseedora del elixir

que descubre la puerta transparente

en danza salvaje

y animales en celo eterno

en mitad del bosque

mientras las constelaciones giran

enloquecidas

en la noche primigenia

donde todo fue creado.

 

Te veo llegar

cubierto de miel para mí

loco de deseo

bajo un cielo absoluto.

 

Los pequeños insectos festejan la osadía

el relámpago que incendia los soles

¡y hay tanto brillo entre los pétalos que nos cubren!

 

 

 

Fernando García

.

El sexo es una herramienta de la que nos ha dotado la naturaleza para asegurar la procreación. Pero los humanos somos unos cachondos, y salvo la gente con fuertes creencias religiosas, acabamos utilizando el sexo para cualquier cosa que no sea la reproducción.

El sexo deja de ser una herramienta y se convierte en un fin en sí mismo. Interpretamos el universo en clave de sexo y las cosas dejan de ser inocentes, adquieren un doble sentido: así el acto de echarse un pis se convierte en lluvia dorada, que te metan unas leches puede ser un ritual sadomasoquista o contemplar unos caballos en el prado se podría interpretar como voyeurismo zoofílico. Hay ocasiones en las que el doble sentido no se busca, sino que se encuentra: un amigo mío fue a Son Pardo buscando carreras de caballos y lo que se encontró fuera de la pista fue una manada de yeguas subsaharianas que ejercían la segunda profesión más antigua del mundo. Aclaro que la profesión más antigua del mundo es el proxenetismo.

El sexo es tabú por el mismo motivo que las drogas. Existe la creencia social de que si las drogas o el sexo no fueran tabú, las personas nos abandonaríamos y nos pasaríamos todo el día dale que te pego, olvidando nuestras obligaciones como ciudadanos serios y responsables.

A Ratzinger no le mola que le demos al sexo si no es para reproducirnos. La sentencia bíblica “creced y multiplicaos” ha sido convenientemente modificada por el ingenio humano: gracias al condón crecemos, pero nos multiplicamos por cero.

La jerarquía eclesiástica tiene atribuido el voto de castidad, así que dejar los temas de fornicio en manos de los curas sería tan absurdo como contratar a Jaume Matas de vigilante de seguridad o a Jack Daniels como terapeuta de alcohólicos anónimos.

Si hablamos de sexo, Woody Allen tiene varias frases memorables. Una de ellas es “masturbarse es hacer el amor con la persona que más amas”. Una gran verdad, en épocas de sequía hay que recurrir al amor propio. Incluso puede convertirse en una forma de vida: a un amigo mío le hemos bautizado con el nombre del estalactitas porque su habitación parece las cuevas del Drach. Creo que no es necesario que os lo explique.

Otra amiga mía dice que ya no aspira a nada más del género masculino desde que guarda en su mesilla de noche un artilugio que funciona con batería y que no es precisamente su teléfono móvil.

 


 

.

Luis Oroz, El idioma del deseo

 

Esa humedad secreta de tus labios

va irrigando aforismos

sobre las cavidades de un poema

a punto de estallar.

 

No puedes escapar de los instintos

ni yo puedo romper la hegemonía

de un instante perfecto;

pronunciar en tu piel la única sílaba

capaz de revelar tu abecedario

y conocer la esencia de ese idioma

sobre el braille escondido de tus pechos.

 

Porque puedo sentirte como sienten

los dedos el temblor

de las palabras

y hacerte musitar cualquier espasmo

por callado que sea.

 

Solo debes abrirte a la certeza

de una ausencia de aire

y dejar que resbale por tu cuerpo

la dudosa blancura del amor.

 

Te prometo el sabor de las metáforas

que has dejado tendidas en el sótano

más profundo del cielo,

la pública razón…

íntima página

que quisiera escribirte

y escribirte

hasta dejar exhausto

mi poema.

 


 

Rafel Calle y Cristina Moscoso a dúo, Introducción

 

Fue preciso acercarse y mirar a conciencia

porque el bulto sufría

de informal y piltrafa,

así y todo escribía

una suerte de espasmos, pálpitos de la calle en una página.

Despistada del todo, porque el tipo reía,

acurrucó su encanto sobre el umbral del hombre,

contraste de mármol impecable y regia apología

de la fatalidad, y le preguntó al desnudo,

¿de dónde fue el origen que allí palidecía?

¿Por qué su multitud reseca, por qué su soledad borracha

y tanta carestía?

Esperando una rebelión de comisura apelmazada,

se interrogó a sí misma el porqué de una pena de tanta jerarquía,

del pasado deforme al presente insalubre

de un futuro que huía,

todo en él resignado, hecho un jirón de augurio terminal.

Y se reía.

¿Era un adiós?

¿Quizá un adiós de cobardía?

Concluyó que de todas, todas ¡adiós

de letanía!

Él.

No me tengas por bulto sospechoso de locura, que sé llorar y río

porque ahora me emborracho de adoquines;

junto al cauce de asfalto un zaguán es el delta,

mi origen es un hato de enseres trashumantes,

memoria de galopes, que se ciñen como cinchas al relincho

de las plazas y los árboles.

No hay caballos, lo sé. Andar es el destino del jinete

que monta suspiros cuando no vendavales.

Ven aquí, no te vayas, las aceras se citan por la noche,

se trata de sentir el caudal, sentirlo es todo un arte,

de las cosas que caben en un bolsillo roto.

Las cosas especiales.

Ella.

No tengo miedo, al mirarte de cerca he visto cuentos infantiles

y un olor de ginebra castigada.

Padeces el espíritu del duende en un bosque de lechos marginales,

eterna sed de luz, eternamente madrugada.

No quisiera enmendarte, desaliño que habita las baldosas,

la mugre de los sueños que se quejan de su karma,

aun así, no sufrirás reprobación, mi escuela hace años que es remisa

con los orígenes. Alumna de pulsión acalorada,

maestra de vigilia. Todo en mí defraudado,

el argumento del amor por el amor, me llama.

Los años han vencido a los temores, ahora te miro

como miran los pájaros a los árboles: la migración, la rama.

Él.

¿Sabes? el origen de hoy es el ayer del escritor y sus manías,

se trata del carácter y el azar, son tensiones

en la cuerda que anuda ansiosas travesías,

errático tirón, estrés demente,

carcoma del esparto que encadena mi vida.

Me postulo en la inconsciencia porque nada perdemos si lo perdemos todo;

la ingratitud me dijo que los locos más niños, aciertan.

Ella.

Tira que tira, tirantez de cuna,

por olvidar la esencia de cuanto te rodea

ha llegado la floración del pelo en las aceras.

¡Albricias! Nos hallamos en un punto del ensanche

donde el alma labora con agujas de oficios malcarados,

enhebrando una piedra al ojo de la vida.

Él.

Será porque reír responde a la belleza

que la veneración es cosa de tu cara.

Escribo por penar, peno por transmitir

el tiempo en avenidas de grandes añoranzas.

Habrá de ser tu calle refugio de las letras exiliadas,

asfalto redimido en la genialidad del pulso,

tus ojos son anchísimos países,

tu mente redención de conceptos difusos,

la sencillez de lo imposible

en todas las facetas de los claros y los turbios.

Ella.

Ya sé, somos un polo al norte en su deshielo, el agua, material de pesadumbre;

carámbanos prendidos de un anhelo.

Somos el suspirar en la costumbre de las aves cautivas en el suelo,

sin alas por las alas sin su cumbre.

Él.

Y somos una pena intransigente que levita en lo pueril de la impaciencia,

en un trance de equívoco y ausencia, pecado original, transitando solamente.

Ella.

No cifremos el tiempo que anduvimos soñando,

resultarían caminatas de valores inhóspitos;

amar reír, reír por amar los pasos.

Él.

Será porque reír responde a una mirada

que mi contemplación es cosa de tus gestos.

Querámonos ya.

Ella.

Vayámonos ya, si nos queremos.

 

.

César Ribba recita a José Ángel Valente. El temblor

 

La lluvia

como una lengua de prensiles musgos

parece recorrerme, buscarme la cerviz,

bajar,

lamer el eje vertical,

contar el número de vértebras que me separan

de tu cuerpo ausente.

 

Busco ahora despacio con mi lengua

la demorada huella de tu lengua

hundida en mis salivas.

 

Bebo, te bebo

en las mansiones líquidas

del paladar

y en la humedad radiante de tus ingles,

mientras tu propia lengua me recorre

y baja,

retráctil y prensil, como la lengua

oscura de la lluvia.

 

La raíz del temblor llena tu boca,

tiembla, se vierte en ti

y canta germinal en tu garganta.

 

.

Xisco Fuster recita a Lorca, La casada infiel

 

Y que yo me la llevé al río

creyendo que era mozuela,

pero tenía marido.

 

Fue la noche de Santiago

y casi por compromiso.

Se apagaron los faroles

y se encendieron los grillos.

En las últimas esquinas

toqué sus pechos dormidos,

y se me abrieron de pronto

como ramos de jacintos.

El almidón de su enagua

me sonaba en el oído,

como una pieza de seda

rasgada por diez cuchillos.

Sin luz de plata en sus copas

los árboles han crecido,

y un horizonte de perros

ladra muy lejos del río.

 

Pasadas las zarzamoras,

los juncos y los espinos,

bajo su mata de pelo

hice un hoyo sobre el limo.

Yo me quité la corbata.

Ella se quitó el vestido.

Yo el cinturón con revólver.

Ella sus cuatro corpiños.

Ni nardos ni caracolas

tienen un cutis tan fino,

ni los cristales con luna

relumbran con ese brillo.

Sus muslos se me escapaban

como peces sorprendidos,

la mitad llenos de lumbre,

la mitad llenos de frío.

Aquella noche corrí

el mejor de los caminos,

montado en potra de nácar

sin bridas y sin estribos.

No quiero decir, por hombre,

las cosas que ella me dijo.

La luz del entendimiento me hace ser muy comedido.

Sucia de besos y arena,

yo me la llevé al río.

Con el aire se batían las espaldas de los lirios.

 

Me porté como quien soy.

Como un gitano legítimo.

Le regalé un costurero

grande de raso pajizo,

Y no quise enamorarme

porque teniendo marido

me dijo que era mozuela

cuando la llevaba al río.

.

Carlos Herrera, Te recorro

 

Te recorro como recorre el viento la sabana

y retiro suavemente las prendas de seda que te cubren

para lamer con avidez  tu piel

cubierta de líquenes y musgos

y gemir entre las zarzas que me hieren

la dentellada de mi pasión ferviente…

 

Muerdo tu Carne salada y fuerte,

donde crece la simiente.

Y Hundo mi cabeza entre tus senos,

y dejo que mis manos recorran tu geografía de ensueño 

y  sueño en tu ternura,

al dun dun de tu corazón al lento ritmo de tu aliento.

Me quedo allí oyendo sus latidos

enredando mis dedos

entre la  zarza ardiente,

bosque soñado de líquenes y musgos,

selva negra bajo mi piel desnuda…

 

Y recorro, poseído de ti, la aureola de tu ombligo

 

Centro de perversiones  y deseos

allí donde  empieza el hormigueo,

donde mi boca, insaciable ira mordiendo tu inocencia

hasta llegar  al sitio donde se abreva mis anhelos,

a ese lugar secreto

donde tu y yo naufragamos delirantes.

 

Bajaré luego por tus piernas

de basalto fino,

lianas con las que  nos enredamos en las noches frías

y volveré a empezar desde tus pies desnudos

con uñas besos y mordiscos a escalar tu geografía

 

a deambular por tu cuerpo

 

sin encontrar fronteras

pasando las yemas de mis dedos

 

sobre tu piel de seda

 

buscaré tu boca

hasta apretarla  con la mía,

y llenarla de ambrosía

sentir tu aliento  y entrar en ti

como entra con  fuerza  la marea

 e invade las playas y  revienta en los acantilados

 

Y con su ir y venir de mar furioso

quedar tendidos y sudorosos en la espuma de la playa

sobre la  blanca almohada de tus senos…

 

.

Marcela Ballester, enmerengada entre planetas

 

Me acarameleaba el pubis lentamente

 

entre sus altisonantes fauces

 

me gatubeaba como loco feroz

en eterna dicha,

nos entre plumeábamos de soles y

estrellas azules

mas allá de toda posibilidad

mientras caían empetaladas suavidades

entre los cuerpos mielados,

 

extáticos de tesoros en infinitas fusiones

amarantándonos tanto,

 

desterrando desiertos alimonados

de tarántulas tentaculares

en lentitud extática

y melocotones fuera de sí

en lucha salvaje

¡ensordeciendo tambores  planetarios

que despiertan hasta a los muertos!

 

 

 

Disfrutemos de la lujuria, el sexo y la pasión, hagamos el amor cada día y jamás digas que no.

César Ribba

 

De un polvo vienes, y en polvo te convertirás.

Fernando García

 

Sexo, Eros, amor, ¡seamos amorosos los unos con los otros!, ¡volvamos a encontrar el paraíso! ¡El paraíso tiene las puertas abiertas de par en par!

Marcela Ballester

 

Me has dejado indefenso, sin armas

con las que poder abatir tu recuerdo.

Darío Senda

 

Al mayo de las ternuras

reclamaré tus detalles

y una cita en la espesura

de las ingles importantes.

Rafel Calle

 

Y la existencia vuelve como un boomerang

a dejarte doblada entre mis manos.

Luis Oroz

 

…y por fin florecen

capullos bermellones

tiernos

sedientos

sedosos

sediciosos.

Xisco Fuster


.

ADDENDA

 

 Miquel Martí i Pol

La Tempesta, del Llibre de les Solituds (1997)

Puc sobreviure amb poca cosa, i ara,

quan preveig que l’oratge portarà

perfums tal volta torbadors, m’aclofo

per oferir un xic més de resistència.

Del desamor que em ronda, algú, llunyà

com l’ull remot del temps, se n’aprofita

per inventar-se un amor fet a mida.

És bo complaure, i és cansat. Tants límits

per transgredir agosten les paraules.

Trec el cap al carrer i ningú m’hi espera.

Ara passa més gent pel pont i em sembla

que tots estan molt més atrafegats

que anys endarrera. Fa molt temps que trona

pel cantó de ponent, però el gran xàfec

no arriba mai..

 

 

Jorge Teillier

Para Beatriz

Tal vez no aparecerás nunca más, pienso en esta tarde de un sol que anuncia la resurrección, porque todo resucita tras el viaje al infierno.

Y la semilla de la esperanza siempre creo verla en la tierra arrasada del desamor florecer.

Tal vez no te veré nunca más, porque yo mismo he lanzado una piedra al pozo donde no debía despertar ecos, pero en mi memoria sólo eres la muchacha que me mostraba los magnolios recién florecidos en la Plaza Nuñoa.

Sólo recordaré de ti ese gesto y vestida de tiempo que nada marchita.

Eres para siempre la única amada espiga que debe traer la felicidad que no he sabido cuidar.

En el reino de la muerte serás el único sol que añoraré contemplar.

 

José Agustín Goytisolo

El buen amor, de A veces el gran amor

Pared contra pared la soledad más fea y amarilla te encerró te apartó de todo lo que amabas o era tuyo y con pasos de zorra se metió en el reloj y empezó a trastocar todas las horas para que no supieses ni pudieras notar que terminaba tu tiempo en el festín y así fue como un sucio desaliento se echó sobre tus hombros tal un pájaro enorme en una madrugada sórdida y cruel con aires de desgracia y fue entonces recuerda cuando en el abandono o desamor pronunciaste su nombre repetiste su nombre como un niño perdido entre la sombra.

 

Miguel Angel Asturias

Comiendo en Hungría

La vida está situada en su castillo de frutas, de viandas, de pescados, de carnes, de todo lo que constituye el contenido de una buena mesa. El asalto final lo preparan científicamente los dietistas, estéticamente los modistos, religiosamente los ascetas y creyentes practicantes, económicamente los mercaderes, cronométricamente itinerario y relojes.

De las cocinas huyeron las horas amorosas de la preparación de platos y pasteles, y la tristeza disfrazada de preocupación por la gordura, la línea, el pecado, el costo y el tener que estar a horario, acabó con lo que antes era grato y placentero, sentarse a comer.

Ahora no se come. Se toma de los platos con aire de no quiero, determinada cantidad de alimentos que contienen no más calorías de las necesarias. ¡Cuidado con pasarse o propasarse! ¡Cuidado! La balanza ha pesado y repesado, en la cocina, la cantidad precisa, y eso basta. El pan, ni verlo. El agua, menos. Vino, jamás. Un jugo sin azúcar, desabrido, completa el sacrificio.

El que la comida no sepa a nada es la mejor garantía para el dietista o dietólogo, lo mismo da. El desabor es como el desamor. La insipidez se instala en las mesas, donde antes todo fuera contento.

 

Oliverio Girondo

Exvoto

A las chicas de Flores

Las chicas de Flores, tienen los ojos dulces, como las almendras azucaradas de la

Confitería del Molino, y usan moños de seda que les liban las nalgas en un aleteo de

mariposa.

Las chicas de Flores, se pasean tomadas de los brazos, para transmitirse sus

estremecimientos, y si alguien las mira en las pupilas, aprietan las piernas, de miedo de

que el sexo se les caiga en la vereda.

Al atardecer, todas ellas cuelgan sus pechos sin madurar del ramaje de hierro de los

balcones, para que sus vestidos se empurpuren al sentirlas desnudas, y de noche, a

remolque de sus mamas -empavesadas como fragatas- van a pasearse por la plaza,

para que los hombres les eyaculen palabras al oído, y sus pezones fosforescentes se

enciendan y se apaguen como luciérnagas.

Las chicas de Flores, viven en la angustia de que las nalgas se les pudran, como

manzanas que se han dejado pasar, y el deseo de los hombres las sofoca tanto, que a

veces quisieran desembarazarse de él como de un corsé, ya que no tienen el coraje de

cortarse el cuerpo a pedacitos y arrojárselo, a todos los que les pasan la vereda.


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