Programa 23: espejos

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Esta vez hablamos de espejos y lo hacemos en un formato nuevo. Los Locos se renuevan para mejorar sus intervenciones, para tratar de llegar al público de una manera menos matemática y más literaria. Podríamos llamarlo el programa de la nueva era, pero no lo haremos, como nadie se cambia el nombre ni vuelve a contar desde el principio en cuanto llega a la adolescencia o se vuelve maduro, de repente (recordemos que hay personas que aparentan mucha madurez pero que en el fondo son unos niños repletos de miedo, lógico, pues si no afrontas la realidad, todo se vuelve contra ti, no porque se haya vuelto el mundo malévolo, sino porque tú no te quieres adaptar a él).

ESPEJOS. ¿Vemos la realidad tal cual es, la vemos invertida tal y como se aprecia en los espejos, tomamos la realidad reflejada como un ejemplo sobre el que cultivar nuestra realidad?

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Fernando García. Un espejo es…

El espejo es esa persona con cara de mala leche que encontramos cada mañana. Vemos a esa persona despeinada, con ojeras y con barba, y pensamos, joder, contigo me espera todo el día por delante. (Y lee en el papel con incredulidad). “Ahora a Fernando le brota un puñal de entre el público, le da en la cabeza y muere descerebrado. El espejo puede ser simpático o puede ser un poco cabrón, pero es como el tiempo, que acaba poniendo a cada uno en su sitio. Es generoso con algunas personas, más bien pocas, pero la relación se acaba torciendo cuando con el tiempo comienzan a aparecer arrugas o se cae el pelo.

El espejo nos da una visión aproximada de nosotros mismos, porque es una visión plana, unidimensional. Podría ponerme a filosofar sobre reflejos y realidad virtual, pero casi mejor lo dejo.

Los espejos son más amigos de las mujeres que de los hombres, aunque ahora con el metrosexualismo y el criptomariconeo, la cosa se va igualando. Encontramos espejos en los probadores. Los hombres usamos los espejos en los probadores para confirmar que los pantalones y las camisas nos caben. En el caso de las mujeres hay más variantes: me cae la manga, me marca la barriga, me hace culibaja, se me leen los labios del amor… todos son pegas. Por eso, si tu pareja te dice que la acompañes de compras, lo mejor es que le digas que te duele la cabeza, así de paso podrás vengarte de todas aquellas migrañas evasivas que ellas usan en los momentos en los que los hombres nos ponemos sentimentales.

También hay espejos en las peluquerías. Y otro tanto se puede añadir. Los hombres tienen un espejo delante porque la faena sólo dura 15 minutos y tampoco hay otra cosa que hacer. Le decimos al señor peluquero que queremos el pelo corto y se acabaron las explicaciones. Con las mujeres, la cosa es más laboriosa. Las más cumplidoras, aparecen con recortes de revistas y dicen que quieren el peinado de la foto. Lo normal es que la que hace la solicitud sea una mujer que se parece a Marujita Díaz portando una foto de Charlize Theron. La solución fácil para la peluquera, sería contestar que ella se dedica a cortar pelos, no cabezas. Pero como hay que ganarse la vida de cualquier manera, la peluquera hace denodados esfuerzos durante horas, para que cuando acabe, si no se parece a Charlize Theron, se parezca al menos a su madre.

Los espejos se utilizan también para vigilar en las tiendas, sobre todo en las zonas de cosméticos para que la Marujita Díaz peinada como la madre de Charlize Theron no pueda mangar nada, y en la de venta de alcohol para que los melendis y los amigos de don Simón no arrasen con las existencias.

También los coches tienen espejos. Se supone que se utilizan para facilitar la conducción, pero como os he explicado anteriormente, en estos casos también hay distinciones. Tengo una amiga que estaba haciendo las prácticas de conducir. El profesor le dijo que usara el espejo retrovisor, y ella lo utilizó para atusarse la melena.

Los espejos también sirven como elementos decorativos. Siempre he destacado por mi buen gusto, y mi mayor ilusión sería tener una cama redonda con un espejo en el techo. Ya me lo dice mi madre: hijo mío eres como un ferrero rocher chupeteado, eres la expresión del buen gusto pero das un poco de asco.

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Octavio Paz

El mar, el mar y tú, plural espejo, de Bajo tu clara sombra

El mar, el mar y tú, plural espejo,

el mar de torso perezoso y lento

nadando por el mar, del mar sediento:

el mar que muere y nace en un reflejo.

El mar y tú, su mar, el mar espejo:

roca que escala el mar con paso lento,

pilar de sal que abate el mar sediento,

sed y vaivén y apenas un reflejo.

De la suma de instantes en que creces,

del círculo de imágenes del año,

retengo un mes de espumas y de peces,

y bajo cielos líquidos de estaño

tu cuerpo que en la luz abre bahías

al oscuro oleaje de los días.

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Darío Senda. Áurea

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Frente a frente,

un espejo y yo.

Nadie más respira;

sólo nosotros dos.

Mi cuerpo en su piel,

su piel a mi alrededor,

en íntimo secreto

y desnuda pasión.

Bajo intensas miradas,

nuestra vida entera asomó.

¿Quién refleja a quién?

¿Quién?, espejo. Dímelo.

Mil vanos sueños

y un amargo dolor,

es cuanto puedo ofrecerte,

clara luna de oscuro Sol.

Eternos permanecerán

tras tu frágil sábana de ilusión,

pues nada más anhelas

que aquello por lo soy.

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Xisco Fuster. Un espejo es…

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El secreto del éxito de un buen espejo pasa por reflejar bien

lo que se le pone delante.

Si el amigo del espejo se siente feliz,

el espejo le devuelve felicidad

que se multiplicará.

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El secreto del fracaso de un buen espejo pasa por reflejar bien

lo que se le pone delante.

Si el amigo del espejo se pone triste,

el espejo devuelve la tristeza sin titubeos

y la tristeza se multiplica.

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Si tratas de hablar con el espejo,

si caes frente a él,

el espejo no va hacer nada por ti,

no te escuchará.

Te mirará desde arriba

y deseará, inalterado, que otra persona

más feliz

se coloque frente a él.

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José Lezama Lima

Muerte de Narciso

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Chillidos frutados en la nieve, el secreto en geranio convertido.

La blancura seda es ascendiendo en labio derramada,

abre un olvido en las islas, espadas y pestañas vienen

a entregar el sueño, a rendir espejo en litoral de tierra y roca impura.

Húmedos labios no en la concha que busca recto hilo,

esclavos del perfil y del velamen secos el aire muerden

al tornasol que cambia su sonido en rubio tornasol de cal salada,

busca en lo rubio espejo de la muerte, concha del sonido.

Si atraviesa el espejo hierven las aguas que agitan el oído.

Si se sienta en su borde o en su frente el centurión pulsa en su costado.

Si declama penetran en la mirada y se fruncen las letras en el sueño.

Ola de aire envuelve secreto albino, piel arponeada,

que coloreado espejo sombra es del recuerdo y minuto del silencio.

Ya traspasa blancura recto sinfín en llamas secas y hojas lloviznadas.

Chorro de abejas increadas muerden la estela, pídenle el costado.

Así el espejo averiguó callado, así Narciso en pleamar fugó sin alas.

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Joseph Sheridan Le Fanu

Carmilla, de En un espejo a oscuras

De súbito, me desperté con la escalofriante sensación de que dos agujas me atravesaban el pecho profunda y simultáneamente. Proferí un grito. La joven dio un salto hacia atrás, cayendo al suelo, y me pareció que se escondía debajo de la cama. Por primera vez, sentí miedo y me puse a gritar con todas mis fuerzas. La niñera, la camarera y el ama de llaves acudieron precipitadamente, pero cuando les conté lo que me había ocurrido estallaron en risas, a la vez que trataban de tranquilizarme. Aunque yo era una niña, recuerdo sus rostros pálidos y su angustia mal disimulada. Las vi buscar debajo de la cama, por todos los rincones de la habitación, en el armario y oí a mi ama susurrar a la niñera: -¡Mira! Alguien se ha echado en la cama, junto a la niña aún está caliente.

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Marcela Ballester. Espejito

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Espejo, espejito, ¿quién es la más bella?

la manzana rueda en el laberinto

en donde se esconde la princesa

caen un sin fin de constelaciones

que son hilos con los cuales Ariadna desafía

al Minotauro

Espejo, espejito, ¿quién encontró en su propia imagen

las llaves del destino?

desarticulada está la memoria

que ya no sabe quién sos

una mano el cuello la cabeza de un títere

aquella vez que se rompieron los cielos

y el arca fue solo reminiscencia.

Espejo, espejito, ¿quién conoce la identidad del viento

que ahora recorre mi cuerpo y lo lanza

en las 4 direcciones?

No soy lo que ves

y lo que no ves apenas importa

cuando todas las señales se deshacen frente al laberinto.

Espejo, espejito, y no te encuentro por ningún lado

me confunde el reflejo

¿es un lago acaso?

Mis huesos y los pájaros que ahora brotan

salen del espejo zigzagueante y me llevan de la mano

hasta el centro del laberinto

52º 09′ latitud norte

13º 13′ longitud oeste

emerge la isla de los ahogados

y me adentro en el bosque hasta encontrar

la zona de confluencia,

se acerca el espejo y me devuelve en miríadas de signos

el mensaje de los cielos.

¿Quién toca esa arpa?

¿son tal vez los ángeles de la oscuridad?

Desciendo por el laberinto hasta sumergirme en el borde

de la Vía Láctea,

entro y paso al otro lado.

Mis puertas flotan a la deriva entre corales de luz.

¿Dónde están ahora las orugas desperezándose en medio

del naufragio?

El tiempo ya no existe

en el hueco de los árboles,

los anillos espiralados son orbitas mas allá de toda comprensión

mientras los tigres pasean entre cortinas de seda

y los caimanes se acercan uno a uno tocados por el milagro

Los espejos te miran en el laberinto

¿Estás ahí?

.

Carlos Herrera. Mi espejo

.

Me miro en el cristal,

sobre el azogue,

ventana que refleja mi mirada

de soledad, extravíos e impotencia

naufragando en la noche

sin testigos…

esperando a que la copa cóncava

del reloj de arena dé la vuelta

y me devuelva en un reflejo

la memoria perdida en sus fantásticos cristales

en su inhabitable espacio de destellos

donde todo es posible y nada ha sido

y vamos dejando gota a gota

sobre el frío cristal

que nos devuelve la mirada

la impronta de otras vidas.

hay días en que vuelvo

a mirarme en el espejo,

cuando regreso de acariciar un cuerpo,

tibia orilla de besos y deseos

que tiemblan bajo otro espejo

que repite mi rostro

enmascarado… ¡Fantasma fugaz sobre el azogue!

En un juego de espejos infinito,

un espacio infinito de reflejos,

que de tanto repetirse en los espejos

se ha quedado mi piel

sobre otras pieles…

náufrago de otras aguas

y otras vidas…

.

Arno Schmidt

Espejos negros

Un fantasma recorre el mundo: en su bicicleta, el único superviviente de la especie vaga por una Europa desierta, purificada de toda vida humana. Los vestigios de la civilización siguen en pie, instantánea del momento previo a la hecatombe; pero es el “instante” el que se deteriora, como una fotografía cuyos colores se van desvaneciendo: en los almacenes las conservas se pudren en sus latas sin que nadie las consuma, en el correo amarillean las cartas nunca despachadas, la hierba invade las calzadas que solo cruzan animales salvajes, al volante de un auto inmóvil un esqueleto femenino no se decide a partir. Saqueador apacible, el último hombre se sirve de lo que encuentra en su camino (¿qué mejor abolición de la propiedad privada que la extinción de todo propietario?). También él morirá, y ese día la humanidad habrá dejado incluso de ser un mal recuerdo: Me alegro de que todo haya acabado.

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“El conocimiento es imperfecto; mi maldición consiste en daros una imagen plana de vosotros mismos; nunca os daré la oportunidad de conoceros a vosotros mismos en profundidad.”

Fernando García

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Los Locos de la Luna es un programa presentado por Xisco Fuster

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Addenda

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Jorge Luis Borges

El Aleph

En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Frey Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, (…)

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Cesare Pavese

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos

esta muerte que nos acompaña

desde el alba a la noche, insomne,

sorda, como un viejo remordimiento

o un absurdo defecto. Tus ojos

serán una palabra inútil,

un grito callado, un silencio.

Así los ves cada mañana

cuando sola te inclinas

ante el espejo. Oh, cara esperanza,

aquel día sabremos, también,

que eres la vida y eres la nada.

Para todos tiene la muerte una mirada.

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.

Será como dejar un vicio,

como ver en el espejo

asomar un rostro muerto,

como escuchar un labio ya cerrado.

Mudos, descenderemos al abismo.

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Jean Paul Sartre

Qué es la Literatura

Porque la palabra, que arranca al prosista de sí mismo y lo lanza al mundo, devuelve al poeta, como un espejo, su propia imagen. Esto es lo que justifica la doble empresa de Leiris, quien por un lado, en su Glossaire, trata de dar a ciertas palabras una definición poética, es decir, que sea por sí misma una síntesis de implicaciones recíprocas entre el cuerpo sonoro y el alma verbal y, por otro, en una obra todavía inédita, se lanza a la busca del tiempo perdido, tomando como guías ciertas palabras especialmente cargadas para él de valor afectivo. Así, pues, la palabra poética es un microcosmos.

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Jorge Luis Borges

Sobre el escritor ciego

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Gabriel Celaya

Canción

Agua helada y dura,

luna de enero,

tu madreperla

es el silencio.

En la noche rasa

y el desamparo

-pizarra limpia-,

yo escribo claro.

En el espejo ciego

me paro a ver

el dolor reflejado,

la verdad al revés.

Tanto he sufrido y tanto

he ido olvidando,

que cuando escribo

no sé a quién le hablo.

Para saber si existo

canto y no sé

si lo que soy ya fui

o si seré.

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Julio Cortázar

Instrucciones para cantar, de Historias de cronopios y de famas

Empiece por romper los espejos de su casa, deje caer los brazos, mire vagamente la pared, olvídese. Cante una sola nota, escuche por dentro. Si oye (pero esto ocurrirá mucho después) algo como un paisaje sumido en el miedo con hogueras entre las piedras, con siluetas semidesnudas en cuclillas, creo que estará bien encaminado, y lo mismo si oye un río por donde bajan barcas pintadas de amarillo y negro, si oye un sabor de pan, un tacto de dedos, una sombra de caballo. Después compre solfeos y un frac, y por favor no cante por la nariz y deje en paz a Schumann.

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Michael Ondaatje

El paciente inglés

Cuando jóvenes, no nos miramos en los espejos. Lo hacemos cuando somos viejos y nos preocupa nuestro nombre, nuestra leyenda, lo que nuestras vidas significarán en el futuro. Nos envanecemos con nuestro nombre, con el derecho a afirmar que nuestros ojos fueron los primeros en ver determinado panorama. Al envejecer es cuando Narciso desea una imagen esculpida de sí mismo.

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