Programa 21. La espera

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Esto es como cocinar. Pones el deseo al fuego y esperas. Las carnes se van haciendo, pierden su crudeza y tu boca se llena de agua mientras preparas la salsa de sexo, pollo y patatas, piensas, pollo y patatas, pollo y patatas, sí. Se va haciendo en la sartén, la giras, la carne, y esperas, todavía no hay boca, solo preparación, fuego, tostar, y esperar.

Y luego, por fin llega el momento.

Y te lo metes adentro, todo adentro.

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Hoy con nosotros Marcela, la gacela de los papeles voladores; Fernando, el guepardo de los piños afilados; Cristina, la rama que nada hacia una catarata de armonía; Darío, el trenzador de versos de bosques los de encinas y; Carlos, tutor de abrazos largos como enredaderas;  Telva, la voz en la cumbreJulio, palabra, genio y guitarra… Y, desde Santander y antes desde Colombia y antes desde vete a saber donde, tras casi mil días de silencio (su libro publicado se llama así, “Días de silencio”), Katho Gómez, tras mil días “secuestrada en un espejo” (esto es de  uno de sus versos)… por fin la tenemos aquí de nuevo.

Y, junto a Xisco Fuster, presentando este programa de locos, César, ¡el hombre del tango!

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Expectativas y realidad

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Al fin y al cabo, ¿“esperar” no consiste en hacer que la realidad y las expectativas coincidan?

A veces es esperando cuando nos volvemos locos, nos creemos el mundo como nos gustaría que fuera… esperando.

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La espera infinita, de Pilar Alcántara

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Todos nos pasamos la vida soñando

anhelando, esperando… algo,

y a muchos se nos pasa la vida en esa espera

que al mismo tiempo nos hace seguir viviendo,

yo espero que algún día la justicia no sea ciega, sorda y muda,

yo sueño que algún día tengamos gobernantes que quieran

a sus pueblos por encima de ellos mismos,

como los padres quieren a sus hijos,

y que no nos sigan dividiendo

con las religiones, con las banderas

con las lenguas, con las fronteras.

Yo anhelo que no nos enfrenten más

con sus absurdas ideas

y que ni una persona más

se haga soldado manipulado

¡porque todos somos hermanos!

¡hijos de un mismo Dios!

¡así somos los humanos!

Mi espera es infinita…

y si no consigo llegar en lo que me queda de vida

seguiré esperando en la próxima… y a la siguiente

aunque tenga que vivir mil vidas

hasta conseguir mis sueños.

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Saray Pavón recita No te salves, de Mario Benedetti

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poema de Marcela

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te espero debajo del sicomoro

te voy a esperar tejiendo finas redes

como penelope

te esperó en el muelle

despeinada entre corales encendidos.

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te voy a esperar vestida de transparencia

con mis aletas de sirena escondidas

entre las olas

danzando al son de caracolas gigantes

que susurren tu nombre

mientras te ofrezco bombones de licor

llegados desde Creta

junto a oráculos que vaticinan tu venida

.

te voy a esperar junto a las hormigas

llevando y trayendo enormes hojas

de aquí para allá como sonámbula

ni que decir de mi espera al acecho

de los lagartos

que lloran tanto tanto

como si estuvieran tristes

y al abrigo de los osos que duermen

entre mis sabanas

mientras regalan su miel a mi cuerpo

toda mi espera y más, mucho más.

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pero ojo conmigo, ¡que todo tiene un límite!

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Esperas que rebosan

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Cuanto más larga la espera, mayor la paciencia

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Autoaprendizaje, de Cristina Moscoso

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He aprendido a esperar esperanzas, que la vida se acerque despacio y dejarla escapar dulcemente, como escapa la arena en los relojes sin cuerda. A tejer telarañas girando en torno a mí para hacerme invisible, mientras juego al escondite con mis otros yoes. Arrancarme palabras con un golpe de viento, arrugar pensamientos limpios y bien planchados, sortear los momentos más graves de mis siete vidas.

He aprendido a esperar que la suerte me empuje despacio y me invite a subir al último autobús de Joaquín Sabina, que se abra la caja pandora, cuando el pulso del tiempo regale sorpresas.

He aprendido a esperar que regrese el aliento al lado de alguna llamada perdida, en el mismo tren y con el mismo traje de todos los veranos, para no equivocarme. Y a correr en la arena con los pies quemados de amores secretos, ya oxidados mucho antes de empezar.

He aprendido a circular por el mundo sin saltarme más de dos semáforos rojos el mismo día, reírme a carcajadas de mí misma, perder la vez en las consultas de los médicos y también segundas o terceras oportunidades sin mirar la cuenta atrás. A esperar que todo y nada cambie, por eso escribo poemas sobre papel de fumar.

Mi gran secreto ahora es haber aprendido a transformarme en rana o cualquier otro animal cercano para no aburrirme de tanto príncipe, de tanta espera.

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Espera un poquito más

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Las esperas hilarantes de Fernando García

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La espera. Puede parecer algo abstracto, pero en realidad es bastante concreto. Por ejemplo, acabo de empezar a leer y es posible que más de uno de vosotros ya esté esperando a que acabe de una puta vez.

Hay más esperas de las que creemos entrever. “Espérame”, es la expresión que más usa la amante del eyaculador precoz.

Nuestra vida es un constante actuar con la finalidad de obtener un resultado. Ese intervalo entre acción y resultado es la espera. También hay esperas que escapan a nuestro poder. A eso se le llama esperanza. Si os pregunto cuáles son vuestras esperanzas, me diréis que consisten en ver cómo acaban las guerras y el hambre en el mundo. Yo soy más humilde y hace tiempo que renuncié a las utopías. Mis esperanzas se reducen a que mi ordenador se cuelgue con un poco menos de frecuencia o que los hiperactivos hijos de mis vecinos de arriba no madruguen un domingo por la mañana.

La esperanza es una moto que muchas veces nos venden. Ratzinger nos dice que si no estamos satisfechos con el producto que supone la vida terrenal no nos devuelve el dinero, pero sí nos da esperanza de una vida mejor que nos espera en el más allá. No te jode, ya sabe que es metafísicamente imposible que podamos reclamarle el servicio postventa después de muertos.

También hay esperas más terrenales, cuando voy al supermercado hay dos colas. Una de cuatro personas con carritos llenos y otra con una señora mayor que sólo va a comprar un paquete de galletas. Siempre me pongo detrás de la señora con las galletas creyendo haber actuado inteligentemente. Resulta que la cajera es novata y no le pasa el código de barras de las galletas. Entonces coge el micro y con toda la voz de choni que le es posible dice “señorita Puri acuda a caja dos”, después de un rato llega la señorita Puri, que normalmente va pintada como una puerta y masca chicle, además de tener el mismo entusiasmo que un gorrino camino del matadero. Se lleva las galletas y vuelve al cabo de un rato con la etiqueta del precio (en ese momento ya han pasado dos carritos en la cola de al lado), cuando por fin ha llegado el momento de pagar, resulta que la señora vuelca su monedero lleno de monedas de un céntimo. La cajera parece que aprendió a contar la semana pasada viendo un episodio de Barrio Sésamo y realiza su tarea con gran esfuerzo y concentración. En resumen, cuando la señora ha pagado sus putas galletas, en la cola de al lado han pasado los cuatro carritos que había al principio y dos más de propina. Pero aún así no pierdo la esperanza y siempre me pongo detrás de la señora con las galletas.

Lo contrario de esperar es temerse algo. Mi alta formación intelectual provoca que mis temores sean de índole cultural. Por ejemplo, siempre he temido que se rodara la segunda parte de Ghost, esa espantosa película en que el actor Patrick Swayze se muere y le intenta echar a su mujer polvos desde la ultratumba. La verdad es que tendría mérito que se rodara la segunda parte si tenemos en cuenta que ahora Patrick Swayze se ha muerto de verdad. Otro temor que tengo es que Azúcar Moreno se reconcilie y nos castiguen con un nuevo disco. Un temor que me atenazaba se ha confirmado hoy, y es que Carlos Ruiz Zafón ha sacado su tercer best seller. Ya sabéis que los best sellers son libros que se escriben para gente a la que no le gusta leer, cosa tan absurda como sacar al mercado unas compresas con alas dirigidas a mujeres menopáusicas. Pero como el género humano es tan carente de sentido, estas compresas impresas y encuadernadas se venden en grandes cantidades.

Me despediré con dos refranes, uno español y el otro ruso. El ruso dice: “espera lo mejor y prepárate para lo peor”. Y el español dice: “vive de ilusiones el tonto de los cojones”.

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Esperar carta, al cartero o al revés

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Darío Senda experimenta con un soneto

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Junto a las olas que tienden el verde mar

desde la sinrazón hasta la locura, te espero.

Ninguna llama en mi corazón quiero,

pues nada poseo que importe quemar.

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Y aunque impreciso tiempo pueda amar,

sabes que tan solo por tu nombre muero

ya que todo se limita a un deseo fiero

que me atormenta y no logro calmar.

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El sufrimiento que otorgas sin piedad

es cruel quejido entre rumor despierto,

extensa herida, agónica soledad.

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Sin embargo, más allá del cielo cubierto,

aguardo que los dedos de la claridad

suavemente acaricien mi amplio desierto.

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Y pienso, junto a las olas del verde mar,

si quizás mi espera es vago sueño,

una ilusión sin contorno ni dueño,

un sol que calor jamás alcance derramar.

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Pero mi alma no cesa de llamar

tu recuerdo engarzado en desdeño,

porque su vida prefiere volver a lastimar.

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Te espero. Mario Benedetti. Recita Carolina Villafruela

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La espera, de Carlos Herrera

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De ti, todo lo he esperado, ¡todo!

Tu voz, tus labios, tu sonrisa,

tu mirada sincera, tu nobleza,

tus enojos de niña consentida,

tus tiernas manos al acariciar mi cuerpo

y el primer beso que le robé a tu boca…

Pero te has ido…

Y a pesar del tiempo, la angustia y la distancia

del ignoto lugar donde te ocultas

regresaras a mí… como regresan las aguas en invierno

y te estaré esperando,

como espera el surco roturado, el sol y la lluvia

que germina la simiente.

Me refugio en mí mismo, en los recuerdos,

como un sonámbulo loco adherido a sus sueños,

y regreso a los lugares de ensueño

que visitamos los dos cogidos de la mano

extasiada la mirada y un temblor en el cuerpo:

y regreso al murmullo del río, a la paz de los lagos,

al trinar de los pájaros en lo profundo del bosque,

a ver morir la tarde en rojo y malva

y pisar las variopintas hojas secas del otoño,

o sorprendido, por la luz del alba, en un carnal abrazo,

-¡Al rito pagano, a la báquica alegría!-,

en el mudo silencio donde descansan los cuerpos

después de la fatiga y de la entrega…

-quimérica espera de mi fantasía-.

Cuantas veces, tú y yo oímos y miramos sorprendidos

el estruendo del agua al despeñarse en la cascada,

el rielar de la luna a la orilla del lago,

el espacio infinito en un cielo estrellado

el silencio rasgado por el murmullo de un beso,

la mano traviesa que recorre los cuerpos,

el aire agitado por el vuelo de un pájaro,

el brillar de sus plumas a la luz del ocaso,

el azul de los cielos reflejado en tus ojos,

la pasión infinita de amar y de amarnos.

Pero te has ido…

Y recorro contrito esta bella quimera

que forjamos tú y yo,

sumergido en la noche, cuando todos los pájaros

paralizan su vuelo, cuando todos descansan

las fatigas del día, cuando el sol del crepúsculo

proyecta las sombras… y palpo tu ausencia

cada vez que respiro… y siento que me ahoga

el ocio de mi cuerpo…

Pero te sigo esperando…

con el murmullo del río al saltar la cascada,

en el espejo del lago reflejando la luna,

en lo profundo del bosque a la luz del ocaso,

y a la luz de la aurora y el trinar de los pájaros

y en mi viaje perenne con incierto destino.

¡Te sigo esperando! ¡Ese es mi destino!

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Cuentos de la mera existencia

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Lo que queda, de Katho Gómez

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Muy trasnochada te digo que me perdones

porque soy injusta contigo y con el amor.

Muy trasnochada siento hacerte sufrir en

medio de mi catarsis y mis dudas

en medio de las voces que no cesan

por todo aquello que tanto luchamos

por mi temor al frío, a la lluvia, a las ancianas

que habitan las bancas de los parques,

por todo eso deseo comenzar otra vez.

.

Que todo fuera un principio brillante

una mañana de sábado frente al croissant

y el café

deseo secar mi lago oscuro, trascender

contigo a donde haga falta,

abrir los brazos, posar un beso, dejarme

llevar por ti en coche

aunque me meree en las curvas.

La sal de mis ojos está seca

apagaré el despertador

pondré la ropa sucia en la lavadora

los pasos en el techo de los vecinos no serán

inconveniente.

Haré lo que corresponda como siempre cada

mañana.

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Cadáver exquisito escrito por el público de los Locos

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Amapola río blanco puente largo deseo felicidad,

luna,

dardo que se me ha clavao en los huevos.

Que nunca nos quiten la esperanza,

la tecnocracia contra la Humanidad. Todo y nada.

Y los pétalos que esperan tus manos

traidor

por la brisa del viento

continuando, continuando,

continuando

por el camino caí por el precipicio donde caemos

creceros hijos de la necesidad y morimos,

pues no queda más.

Más que tus rizos morenos azabache

mi pequeña

y tierna alma errante

maletas vacías, corazón lleno,

carne de habitación de hotel,

iluminada con una bombilla

desnuda.

.

Caducos, de Katho Gómez

.

Nuestro plazo se cumple.

Estamos a punto de expirar.

Las flores del adiós se marchitan.

Las gotas del susurro se transforman en ocaso.

.

Pero aun así esta es una fiesta

llegamos conscientes y con vida a esto

llegamos esperando lo inevitable

separados el uno del otro

desnudos en nuestras ropas de transeúntes

sin casa.

Nuestro plazo nos avisa y hace de estas

noches que quedan una gran mañana.

Junta nuestros ojos cuando nadie ve

para oírnos respirar sin pausa.

.

Tenemos vida para esto

para desear más de la cuenta

atrincherados

de todas las cosas que ignoramos

esperando resignados ese tren que nos

llevará al olvido.

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Resumen de la velada

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Adiós: Si no espero nada, mi imaginación muere.

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Los Locos de la Luna es un programa presentado por Xisco Fuster

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Addenda

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Ernesto Sábato

El túnel

Fue una espera interminable. No sé cuanto tiempo pasó en los relojes, de ese tiempo anónimo y universal de los relojes, que es ajeno a nuestros sentimientos, a nuestros destinos, a la formación o al derrumbe de un amor, a la espera de una muerte. Pero de mi propio tiempo fue una cantidad inmensa y complicada, lleno de cosas y vueltas atrás, un río oscuro y tumultuoso a veces, y a veces extrañamente calmo y casi mar inmóvil y perpetuo donde María y yo estábamos frente a frente contemplándonos estáticamente, y otras veces volvía a ser río y nos arrastraba como en un sueño a tiempos de infancia y yo la veía correr desenfrenadamente en su caballo, con los cabellos al viento y los ojos alucinados, y yo me veía en mi pueblo del sur, en mi pieza de enfermo, con la cara pegada al vidrio de la ventana, mirando la nieve con ojos también alucinados.

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Juana de Ibarbourou

Noche de lluvia

Llueve… espera, no duermas.

Estate atento a lo que dice el viento,

y a lo que dice el agua que golpea

con sus dedos menudos en los vidrios.

Todo mi corazón se vuelve oídos

para escuchar a la hechizada hermana

que ha dormido en el cielo,

que ha visto el sol de cerca,

y baja ahora elástica y alegre de la mano del viento,

igual que una viajera que torna

de un país de maravilla.

Cómo estará de alegre el trigo, amante.

Con qué avidez se esponjará la hierba,

cuántos diamantes colgarán ahora

del ramaje profundo de los pinos.

Espera, no te duermas.

Escuchemos el ritmo de la lluvia.

Apoya entre mis senos tu frente taciturna.

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André Gide

Los alimentos terrestres

Yo viví en la dulce y perpetua espera del azar. Comprendí que la sed de disfrutar que nace en cada momento de voluptuosidad, se anticipa al gozo, de la misma manera como existen respuestas listas para cualquier pregunta. Fui feliz cuando las fuentes de agua me revelaron que tenía sed, y cuando estando en pleno desierto (donde la sed no se puede saciar), preferí, a pesar de todo, la fuerza febril que me inspiraba el furor del sol. Ciertas noches hallé oasis maravillosos que el deseo acumulado durante todo el día hacían más frescos aún. En la extensión de arena golpeada por el sol y como adormecida por un gran sueño -el calor era tal que vibraba en el aire- sentí el pulso de la vida, una vida que no podía dormir, que se desvanecía de tanto temblar en el horizonte, y que estaba henchida de amor a mis pies. Lo único que buscaba día a día, minuto a minuto, era hallar la manera más pura de penetrar la naturaleza.

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Michel Tournier

Celebraciones

Hay en algunas obras maestras —y por ello figuran en primera línea de la literatura universal— una incitación a crear, un contagio del verbo creador, una puesta en marcha del proceso inventivo de los lectores. Yo confieso que para mí esa es la cumbre del arte. Paul Valéry decía que la inspiración no consiste en el estado en que se encuentra el poeta cuando escribe, sino en el estado en que el poeta que escribe espera poner a su lector. Pienso que de tal afirmación cabría hacer el fundamento de toda una estética literaria. Pero ¿no equivale esto a esperar que una obra de arte posea ante todo una determinada virtud pedagógica? Montaigne decía que enseñar a un niño no es llenar un vacío sino encender un fuego. Creo que no se podría pedir más. En cuanto a mí, lo que he ganado es cierta llama que veo a veces brillar en los ojos de mis jóvenes lectores, la presencia de una fuente viva de luz y de calor que se instala de ahora en adelante en un niño, encendida por la virtud de mi libro. Recompensa rara ésta, y que no tiene precio, a todos los esfuerzos, a todas las soledades, a todos los malentendidos.

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Oscar Wilde

De profundis

Después de una larga e infructuosa espera, me he decidido a escribirte, y ello tanto en tu interés como en el mío, pues me repugna pensar que he pasado en la cárcel dos años interminables sin haber recibido de ti una sola línea, una noticia cualquiera: que nada he sabido de ti, fuera de aquello que había de serme doloroso. Nuestra trágica amistad, en extremo lamentable, ha terminado para mí de un modo funesto, y para ti con escándalo público. Empero, el recuerdo de nuestra antigua amistad me abandona raramente, y siento honda tristeza al pensar que mi corazón, antes henchido de amor, está ya para siempre lleno de maldiciones, amargura y desprecio.

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José Luis Sampedro

La vieja sirena

Si nunca despertaste en sobresalto

febril, precipitándote hacia el lado

vacío de tu lecho, tanteándolo

con manos que se obstinan vanamente

contra implacable ausencia.

Si no sentiste entonces la muerte

desgarrándote en vida y agrandando

el vacío entre tus venas inflamado

el vano apartamiento de tus muslos,

el ansia de tu sexo.

Si no rompió tu voz ese gemido

que acuchilla la turbia madrugada…

es que en tu corazón no ardía en la hoguera

que llamamos amor.

En ella me consumo y es mi grito

tu nombre: a ti me abro en carne viva.

Mi piel muere en espera de la tuya,

mi sexo late con ansiosa boca

de pez en la agonía.

Y al no llegar tus labios con tu bálsamo

ni el fuego sosegante de tu lengua

mi mano se fatiga inútilmente

en estéril caricia…

Porque tan sólo tú tienes las alas

para el vuelo que mata y da la vida.

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Jacques Roubaud

Algo negro

Y el silencio es lo que queda cuando todo se sabe y nada se espera.

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Maurice Maeterlinck

La inteligencia de las flores

La vallisneria es una hierba bastante insignificante que no tiene nada de la gracia extraña del nenúfar o de ciertas cabelleras submarinas. Pero se diría que la naturaleza se ha complacido en poner en ella una hermosa idea. Toda la existencia de la pequeña planta transcurre en el fondo del agua, en una especie de semi sueño, hasta la hora nupcial en que aspira a una vida nueva. Entonces la flor hembra desarrolla lentamente la larga espiral de su pedúnculo, sube, emerge, domina y se abre en la superficie del estanque. De un tronco vecino, las flores masculinas que la vislumbran a través del agua iluminada por el sol se elevan a su vez, llenas de esperanza, hacia la que se balancea, las espera y las llama en un mundo mágico. Pero a medio camino se sienten bruscamente retenidas: su tallo, manantial de vida, es demasiado corto; no alcanzarán jamás la mansión de luz, la única en que puede realizarse la unión de los estambres y del pistilo. ¿Hay en la naturaleza una inadvertencia o prueba más cruel? ¡Imaginaos el drama de ese deseo, lo inaccesible que se toca, la fatalidad transparente, lo imposible sin obstáculo visible!

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