Programa 15. Un instante y siempre… nada

Estándar
Hoy tenemos Tiempo
para todos los gustos.
Para el que se está quieto y para el que quiere correr.
No llegas a tiempo o llegas, sí, o no.
Sí y no. La vida y la muerte.
La vida o la muerte, 
tú eliges:
o vives sobre la manecilla del reloj (escoge la tuya, hay tres diferentes)
o no existes.

 

¿Existe el tiempo o es una mera abstracción?

La tranquilidad es el menor correr del tiempo (lento y largo, debe ser largo);
la Naturaleza, la belleza, frena el tiempo; si el tiempo corre te la quita, la belleza, no respiras, jadeas.
 
Cuando tienes sexo, el pulso se acelera, el tic tac del corazón bombea con fuerza, el tiempo pasa volando.
 
Cuando esperas, el tiempo se queda quieto;
si deseas con demasiado ahínco algo que no acaba de llegar el tiempo se muere y tú también.
 
Y si caes por un precipicio, buf,
volaréis los dos a toda velocidad, el tiempo y tú. 
 

Cristina Moscoso recita a Antonio Cisneros: Café en Martirok Utja

Hay una lámpara floreada sobre el piano

y una estufa de fierro.

Bebes el vino junto a la única ventana:

un autobús azul y plata cada cinco minutos.

Pides el cenicero a la muchacha

(alta flor de los campos ven a mí).

La luz del otoño es en tu vaso

un reino de pájaros dorados.

Pero pronto anochece.

Los autobuses no son azul y plata,

el cenicero es una rata muerta,

el vaso está vacío.

La muchacha partió cuando encendieron

la lámpara floreada y tú mirabas

la lámpara floreada.

Puedes pedir otra jarra de vino,

pero esta noche

no esperes a los dioses en tu mesa.

 

Los últimos días del chico suicida. Voz original de Bukowski

Alguien para el que el tiempo no existe o, cuanto menos, le importa bien poco. 

 

Tiempo y espacio y el cuadro de los relojes líquidos de Salvador Dalí

La idea que el tiempo pasa, que el tiempo se mueve, está muy arraigada en el ser humano. Estamos muy acostumbrados a dividir el tiempo en pasado, presente y futuro. Presumimos que lo único que sucede entre estos estadios es el inexorable fluir de los segundos, pero para algunos físicos y filósofos estos estados no se pueden definir de forma inequívoca. Einstein dijo que pasado, presente y futuro no eran más que ilusiones, solo que muy tozudas. Julian Barbour, físico y escritor, Oxford, Reino Unido: “Creo que en última instancia el tiempo no existe en absoluto, que el Universo es estático, incluso que el movimiento es una ilusión; cuando miras mis manos moverse en el Universo real, si pudieras permanecer fuera del Universo como si fueras Dios y vieras el Universo como realmente es, verías que esta apariencia de movimiento es una ilusión.

 

Detener el tiempo

Una manera particular de manifestarse. Solicitamos al público de los Locos (con ganas de jugar, vaya que si tiene ganas de jugar esta gente) que se esté quieto durante treinta segundos. Y la gente se queda quieta, sin moverse… ¡hasta que una joven del norte se mueve, no lo resiste, se mueve, sonríe y se mueve!

 

Marga Cañellas recita un cuento-poema de Xisco Fuster

Todo puede detenerse. El tiempo. Los objetos. Las personas. Se detienen. Brevemente o para siempre.

Hay objetos instante, como los que hemos perdido en el bolsillo de un pantalón. No son las llaves o las monedas, no son metales sino retales de otros momentos lo que hemos perdido en realidad. O quizá no los hemos vivido nunca.

Hurguemos en los bolsillos y encontraremos una minúscula madeja de hilos.

Si analizamos con una lupa el revoltijo no identificado, acabaremos observando una serie de objetos minúsculos que merece la pena mencionar. Aclaremos que examinamos el material encontrado en el bolsillo del vaquero de un varón que lava sus pantalones frecuentemente. Las lavadoras, la prueba que voy a relatar lo demuestra, no hurgan en los bolsillos con la pulcritud con que lo ha hecho el que escribe esta confidencia.

El amasijo de hilos finos, al que llamaremos pelusa de invierno, porque en el momento del estudio en la calle el frío riza las pieles desnudas, es muy suave, gris, pasa desapercibido ante las yemas de los dedos, es necesario extraer el textil enredo fijando la vista con esmero.

La mayoría de la pelusa es del mismo color que la tela de la que está hecha el bolsillo, aunque es probable que el varón de quien analizamos los instantes capturara en un movimiento inconsciente una hebra de la prenda cercana a los pechos, u otro lugar más íntimo todavía, de su amada, ya que una de las briznas reluce rosados reflejos.

Granitos de arena blanca, dos concretamente, significan un instante doble, pues no puede ser de otra manera hallarse en una playa con la mano cerca de uno de los pechos de la amada y la otra sumergida en la arena. Esta última mano buscaría instintivamente el confort del calor entrando en el bolsillo del vaquero cuando el varón se pusiera de pie. Tal acción introduciría los granitos de arena blanca hallados ahora entre la pelusa.

Otros gránulos traslúcidos blanquecinos denotan que ayer mismo, u hoy, el hombre ha cocinado algo a lo que ha añadido sal sumergiendo los dedos en el salero. Lo extraño consiste en explicar para qué diablos se metería el varón la mano en el bolsillo mientras cocinaba.

Por fin, damos con una partícula negra. Difícil discernir si se trata de un material lítico o plástico, quizá una porción de carbón, eso parece, pero es extraño encontrar carbón en los bolsillos de los pantalones. Un artículo negro. Quizá pertenezca a un instante oscuro. Uno de aquellos que es preferible olvidar, y de los que es mejor no seguir indagando.

De todos modos, la conclusión de esta descripción minuciosa consiste en dar por cierto que la vida que nos rodea es mucho más intensa de lo que creemos a primera vista o a vista gorda. Si detallamos la minucia, brotan los instantes. Depende de nuestra imaginación vestir estos momentos como bellos o insignificantes.

Xisco Fuster

 

Salvador Dalí en plena campaña electoral

Pero, un momento, un momento, ¡un momento!,

¿qué tiene que ver este hombre despotricando con el tema que nos ocupa hoy y siempre, el tiempo?

Nada.

No es más que un preludio para dar entrada a Fernando.

 

Fernando García. “El tiempo es la religión de los que no creemos en nada”

El tiempo es la religión de los que ya no creemos en nada. El tiempo es un juez que, salvo contados casos, no nos dará absolución.

Decimos que el tiempo se consume, cuando realmente se consume nuestra vida.

El castigo de la edad madura es darnos cuenta de que el tiempo ha pasado cuando ya es tarde.

Anhelamos eternidades, y la fugacidad se disfraza de permanencia. Pensamos que todo es inmutable, que el tiempo se ha parado, pero de repente nos damos cuenta de que nuestros padres son mayores, y poco después, somos nosotros los que nos hemos hecho mayores.

Hay quien pretende alcanzar la eternidad en vida acumulando experiencias y hay quien lo pretende cultivando rutinas.

Estructuramos nuestro tiempo, pretendemos darle un significado. Decimos que el sentido de la vida es la búsqueda de la felicidad, ese concepto tóxico. Existen culturas, que por primitivas o quizás emocionalmente más sabias, en cuyo vocabulario no existe el concepto “felicidad”.

Al final todo se reduce a la acumulación de momentos: recibir el sol de primavera, esos lapsos en que conseguimos bajar el volumen de nuestra madeja de pensamientos y percibimos que hay un mundo real, o vivencias tan sumamente terrenales como las sobremesas en las que el tiempo se desliza amablemente mientras jugamos a arreglar el mundo.

No recordamos lo que hicimos antes de nacer y, posiblemente, tampoco recordemos nada después de nuestra muerte. El intervalo tasado entre ambos momentos es la vida o el viaje hacia la muerte. Nosotros elegimos.

La prueba de que el tiempo no existe

En efecto, este vídeo demuestra que la sincronización no es más que la concatenación de espacios muy parecidos y nuestra mente, tan sagaz, los une, haciéndonos creer que la verdad es lo que queremos creer… ¡Maldito el tiempo!

 

Xisco Fuster y el Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj de Julio Cortázar

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente un reloj, que los cumplas muy felices, y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con ancora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo, pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de a atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

 

Jorge Luis Borges habla del ego-fin del tiempo

 

El corazón de César Ribba pertenece a Benedetti

Tiempo sin tiempo

Preciso tiempo necesito ese tiempo

que otros dejan abandonado

porque les sobra o ya no saben

qué hacer con él

tiempo

en blanco

en rojo

en verde

hasta en castaño oscuro

no me importa el color

cándido tiempo

que yo no puedo abrir

y cerrar

como una puerta.

Tiempo para mirar un árbol, un farol,

para andar por el filo del descanso,

para pensar: qué bien hoy es invierno,

para morir un poco

y nacer enseguida

y para darme cuenta

y para darme cuerda

preciso tiempo el necesario para

chapotear unas horas en la vida

y para investigar porqué estoy triste

y acostumbrarme a mi esqueleto antiguo.

Tiempo para esconderme

en el canto de un gallo

y para reaparecer

en un relincho

y para estar al día

para estar a la noche

tiempo sin recato y sin reloj

vale decir, preciso

o sea, necesito,

digamos, me hace falta

tiempo sin tiempo.

 

Poema a oscuras

Solicitamos al público que piense en una palabra, una sola, mientra observa la lucha entre dos elementos.

El agua intenta con denuedo hacer pasar el tiempo. La roca le lleva la contraria (al menos lo intenta con una decisión inquebrantable).

Luego pasamos el microfono de la librería de un par de labios a otro para revelar la palabra prensada,

y esto es lo que sale:

Café, negro, punto de encuentro, para todos,

caen las gotas, cadena, olvido, perroflauta,

plenitud, hermosa, -, -,burbujeante, caracol, por sistema, tranquilidad, pasmosa, herrumbrosa, infantil,

monster, guapo, guau, feo, pata, puerta, de Galicia,

olvidados, tiempos.

 

Una cotidiana asquerosidad descubierta

Qué cosas esconde el tiempo.

 

Cuenta atrás y Carlos Herrera con su Oración

Dicen que en diez  minutos va a pasar algo… Iniciamos la cuenta atrás sobre las figuras de los siguientes poetas escritores intervinientes intervenidos (pero no de sus sexos, solo de sus mentes poco esclavizadas al mundo plástico).

Y la cuenta atrás sigue…

 

Cristina Moscoso recita Arte poética, de Jorge Luis Borges

 

Mirar el río hecho de tiempo y agua

y recordar que el tiempo es otro río,

saber que nos perdemos como el río

y que los rostros pasan como el agua.

 

Sentir que la vigilia es otro sueño

que sueña no soñar y que la muerte

que teme nuestra carne es esa muerte

de cada noche, que se llama sueño.

 

Ver en el día o en el año un símbolo

de los días del hombre y de sus años,

convertir el ultraje de los años

en una música, un rumor y un símbolo,

ver en la muerte el sueño, en el ocaso

un triste oro, tal es la poesía

que es inmortal y pobre. La poesía

vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara

nos mira desde el fondo de un espejo;

el arte debe ser como ese espejo

que nos revela nuestra propia cara.

 

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,

lloró de amor al divisar su Itaca

verde y humilde. El arte es esa Itaca

de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable

que pasa y queda y es cristal de un mismo

Heráclito inconstante, que es el mismo

y es otro, como el río interminable.

(1960)

 

Pilar Alcántara. La vida permanece

Y la cuenta atrás sigue, persiguiendo los versos, aplastándolos

los versos, la vida.

 

Si los momentos se convierten en eternos,

dejarán de ser únicos, ¿o sí?

Varios tiempos, tú eliges (o ellos te eligen a ti)

Los años son para los viejos,

los meses para los trimestres,

las semanas son para que se acaben con un sábado y un domingo redondos,

las horas no son para esperar,

los minutos para mirar el reloj

y los segundos son para los perfeccionistas.

 

Los últimos 15 segundos son el único momento del año en que…

 

Cadáver exquisito

Son cerca de treinta personas, con unas ganas de participar encomiables… Que casi habría que dejar de tener esas ganas porque decir que sean encomiables, como que da cierta grima, ¿no? Bueno, que la palabra suena fea, engomable, gomiscilina, fea, plástica… Pero es encomiable.

 Kafé y Kasualidad de verte

ganas escuchar y mearse encima,

mañana volverá a salor el sol cuando estemos muy locos,

estamos todos locos de alguna forma sin forma ni reforma.

Amorfos. Ahora,

la luna no nos deja estar más locos no está llena,

la luna me lleva me encamina me enloquece,

me pervierte y saca lo mejor de mí,

la luna me ilumina y me hace estar más loco aún,

más loco que Dalí y Xisco Fuster juntos (imaginaos a Xisco con el bigote de Dalí).

La luna, sí, pero la mía. la mora. La de las noches no autorizadas que buscan caricias sin huella

y la huella es uno mismo buscando su existencia.

  

El mono, Kubrick, la evolución, el tiempo en mayúsculas, TIEMPO

 

Einstein dijo que la prueba de que el tiempo es unidireccional (solo va hacia adelante)

 es que nadie del futuro ha venido a vernos…

 

 

Los Locos de la Luna es un programa

presentado por Xisco Fuster

 

Addenda

 

Gabriel García Márquez

Cien años de soledad (fragmento)

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construida a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.

 

T. S. Eliot

Prufrock y otras observaciones

La niebla amarilla que lava su espalda en el cristal de las vidrieras,

el humo amarillo que lava su hocico en el cristal de las vidrieras

pasó su lengua por el interior de las esquinas de la tarde,

se quedó suspenso largo tiempo sobre los charcos de las cunetas,

dejó caer sobre su espalda el tizne que cae de las chimeneas,

se deslizó por la terraza, dio un salto súbito,

y, viendo que era una noche suave de octubre,

se enroscó una vez a la casa y se quedó dormido.

Y, en verdad, habrá tiempo

para el humo amarillo que se desliza a lo largo de la calle,

frotando su espalda sobre el cristal de las vidrieras;

habrá tiempo, habrá tiempo

para preparar un rostro que acepte los rostros que encuentres,

habrá tiempo para matar, habrá tiempo para crear

y tiempo para todas las labores y los días hábiles

que levanten y dejen caer una pregunta en tu plato;

habrá tiempo para tí y habrá tiempo para mí,

y habrá tiempo incluso para cien indecisiones,

y habrá tiempo para cien visiones y revisiones

antes de que tomemos una tostada y té.

 

Aldous Huxley

El tiempo debe detenerse

La Esclavitud del pensamiento a la vida es uno de nuestros temas favoritos. Bergson y los Pragmatistas, Adler y Freud, los muchachos del materialismo Dialéctico y del Objetivismo, todos enuncian sonoramente sus variaciones en torno a él. La mente no es sino instrumento para fabricar instrumentos, está controlada por fuerzas inconscientes ya sea sexuales o agresivas, es el producto de presiones económicas y sociales, un montón de reflejos condicionados, Todo absolutamente cierto hasta aquí; pero falso si no va más allá… El pensamiento es el esclavo de la vida. Esto es evidente. Pero si al mismo tiempo no fuese algo más, no podríamos hacer ni siquiera esta generalización parcialmente válida. El significado de la segunda cláusula es principalmente práctico. La vida es juguete del tiempo. Por el mero hecho de esfumarse, el tiempo convierte en un absurdo todo el planteamiento consciente de la vida. Y sin embargo, la única fe de una mayoría de europeos y de los americanos del siglo veinte es una fe en el futuro… por el cual están dispuestos a sacrificar su única posesión tangible; el Presente… pero… el tiempo debe detenerse… Solamente tomando en cuenta el hecho de la eternidad podremos liberar al pensamiento de la esclavitud de la vida. Y solamente entregando deliberadamente nuestra atención y nuestra fe a la eternidad podemos impedir que el tiempo convierta nuestras vidas en una bufonada diabólica.

 

Javier Marías

El siglo

Suena música en mi casa durante todo el día, pero cuando desciende la noche no puedo impedir que el lago, a veces enloquecido y otras sólo crepitante, se apodere de todo el sonido y me confunda con sus movimientos imaginarios. Creo descubrir en ocasiones que esas aguas tienen otra vocación, que no las hizo la Mano para permanecer estancadas, que se saben río, y mar, y rizo, y brisa, que se distraen de su dilatado destino jugando a ser lo que hoy no son pero tal vez fueron o quizá serán. Yo no las he visto bajo otra forma. Tampoco las veré, pues ya agonizo.

 

Eduard Punset

El viaje a la felicidad

Hace un poco más de un siglo la esperanza de vida seguía siendo de treinta años: lo justo para aprender a sobrevivir, si se contaba con la suerte, y culminar el propósito evolutivo de reproducirse. No había futuro ni, por lo tanto, la posibilidad de plantearse un objetivo tan insospechado como el de ser felices. Esta era una cuestión que se aparcaba para después de la muerte y dependía de los dioses. La revolución científica ha desatado el cambio más importante de toda la Historia de la evolución: la prolongación de la esperanza de vida que ha generado más de cuarenta años redundantes –en términos evolutivos–… Por primera vez la Humanidad tiene futuro y se plantea, lógicamente, cómo ser feliz aquí y ahora. La gente se ha sumergido en esas aguas desconocidas, prácticamente, sin la ayuda de nadie.

 

José Antonio Marina

La lucha por la dignidad

La esclavitud ha acompañado siempre al ser humano como una Humanidad en negativo, como una inhumanidad. En Oriente y en Occidente, en sociedades primitivas y evolucionadas, entre musulmanes y entre cristianos, en la lejanía y en la proximidad histórica. El Código de Hammurabi ya impone terribles escarmientos: “El que ayude a escapar a un esclavo, sea muerto.” “El que esconda en su casa a un esclavo, sea muerto.” Los esclavos permanecerán durante más de tres mil años siendo trágicos protagonistas de los códigos. Las cifras de la esclavitud son espeluznantes. En el siglo XIX había en la India ocho millones de esclavos. Durante los primeros siglos de control europeo sobre las Américas, la mayor parte de los que atravesaron el Atlántico fueron africanos encadenados más que buscadores de fortuna europeos. En tres siglos, más de trece millones de africanos fueron secuestrados y convertidos en mercancía, aunque sólo once millones llegaron a las costas americanas. El resto murió durante el viaje, por enfermedades, accidentes o malos tratos. 0 por hambre y sed en las atestadas sentinas de los barcos negreros. 0 de melancolía.

¿Dónde estás, madre tierra?

¿Dónde están mi río, mi mujer y mis hijos?

No se dónde estoy, ni conozco el aire,

y la comida me sabe a polvo.

Estar lejos es peor que morir.

Ahora sabemos que la nostalgia es una emoción universal y poderosísima. Es una enfermedad mortal para las personas que necesitan del grupo para considerarse personas, para las que viven en relación estrecha con la naturaleza.

 

Alfred de Musset

La confesión de un hijo del siglo

Pero la juventud no se resignaba. Es indudable que se dan en el hombre dos potencias ocultas que luchan hasta la muerte. Una de ellas, clarividente y fría, se agarra a la realidad, la calibra, la sopesa y juzga el pasado. La otra está sedienta de porvenir y se lanza hacia lo desconocido. Cuando la pasión arrastra al hombre, la razón le sigue llorando y advirtiéndole del peligro; pero, en cuanto aquél se ha detenido ante la voz de la razón, en cuanto se dice: “Es cierto, soy un loco, ¿dónde iba?”, la pasión le grita: “¿Y yo, voy entonces a morir?”.

 

Arthur Schopenhauer

El mundo como voluntad y representación

El mundo es mi representación: esta verdad es aplicable a todo ser que vive y conoce, aunque sólo al hombre le sea dado tener conciencia de ella; llegar a conocerla es poseer el sentido filosófico. Cuando el hombre conoce esta verdad estará para él claramente demostrado que no conoce ni un sol ni una tierra, y sí únicamente un ojo que ve el sol y una mano que siente el contacto con la tierra; que el mundo que le rodea no existe más que como representación, esto es, en relación con otro ser: aquel que le percibe, o sea él mismo. Si hay alguna verdad a priori es ésta, pues expresa la forma general de la experiencia, la más general de todas, incluidas las de espacio, tiempo y causalidad, puesto que la suponen.

(…)

La Materia: Afortunadamente la osadía de tus asertos será puesta muy pronto en su sitio y no merced a meras palabras; algunos instantes más y dejarás de ser nada en realidad, te hundirás en la nada junto con tu grandilocuencia, después de haberte columpiado transitoriamente cual una sombra espectral y correr la suerte de cada una de mis efímeras formas. Pero yo, en cambio, permanezco incólume y sin merma siglo tras siglo, a través del tiempo infinito, y presencio impávida el juego de las transformaciones de mis formas.

 

Jorge Luis Borges

 

El hacedor

Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro. No sé cuál de los dos escribe esta página.

 

José Suárez Carreño

El viento lejano

La soledad de la noche es dura como la piedra de las rocas,

siglos mudos, oscura y lenta materia,

luz de luna sin destino, fría y sin amor desierta,

luz que se pierde en las hondas masas del frío,

la sierra sin nadie, la luna sola, en el bosque la madera,

el viento se pierde lejos, ave triste,

angustia lenta que no es el cielo ni el monte,

que no es carne, luz, ni piedra.

 

Harold Bloom

Cómo leer y por qué

Al cabo de cuatro siglos Shakespeare nos impregna más que nunca; lo representarán en la estratosfera y en otros mundos, si hasta allí se llega. No es una conspiración de la cultura occidental: contiene todos los principios de la lectura y es mi piedra de toque a lo largo de este libro. Borges atribuyó el carácter universal de Shakespeare a su evidente falta de egoísmo, pero esta cualidad no es más que una metáfora para indicar lo que realmente distingue a Shakespeare es, en definitiva, una tremenda capacidad de comprensión. Con frecuencia, aunque no siempre nos demos cuenta, leemos en busca de una mente más original que la nuestra.

 

Time. Pink Floyd

 

Letra de la canción en castellano

Viendo pasar los momentos que hacen un día monótono

desperdicias y consumes las horas de un modo indecoroso

vagando de aquí para allá en tu propia ciudad

a la espera de que alguien o algo que te muestre el camino.

Cansado de tumbarte bajo el sol

o en casa mirando la lluvia

eres joven y la vida es larga y

hoy tienes tiempo para derrochar

y luego te das cuenta un día de que han pasado

diez años

nadie te dijo cuando empezar a correr,

y llegaste tarde al disparo de salida.

Y tú corres y corres para alcanzar al sol, pero se está poniendo

y girando velozmente para de nuevo elevarse por detrás de ti

El sol es el mismo de modo relativo, pero tú eres más viejo

Tu respiración es más corta y estás un día más cerca de la muerte.

Cada año se hace más corto,

parece que nunca se encontrarás tiempo

planes que quedan en nada

o en media página de líneas garabateadas

esperando con silenciosa desesperación

es la manera inglesa

el tiempo se ha acabado, la canción ha terminado,

¿creías que tenía algo más que decir?

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