Programa 12. La mujer

Estándar

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Hablamos de la mujer, la conversamos, la debatimos, la platicamos y la enunciamos, la mujer, la pronunciamos y la declamamos, la opinamos, la cuchicheamos y la amamos. En la literatura y en los poemas. No como un ser indefenso, no como un ser de menores recursos que los hombres, no como un ser que necesita ayuda de nadie. La mujer como el sexo que nos mantiene vivos a todos, sin olvidar sus perfumes.

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Vinicius de Moraes. Receta de Mujer

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Las muy feas que me perdonen

mas la belleza es fundamental. Es preciso

que haya en todo eso algo de flor,

algo de baile, algo de haute couture en todo eso (o si no

que la mujer se socialice elegantemente en azul como

en la República Popular China).

No hay término medio posible. Es preciso

que todo eso sea bello. Es preciso que de pronto

se tenga la impresión de ver una garza apenas posada

y que un rostro

de vez en cuando adquiera ese color único del tercer

minuto de la aurora.

Es preciso que todo eso sea sin ser, pero que se refleje

y florezca

en el mirar del hombre. Es preciso, es absolutamente

preciso

que sea todo bello e inesperado. Es preciso que unos

párpados cerrados

recuerden un verso de Eluard y que en unos brazos se

acaricie

algo más allá de la carne: que se los toque

como el ámbar de una tarde. Ah, déjenme decir

que es preciso que la mujer que está allí como la corola

ante el pájaro

sea bella o tenga por lo menos un rostro que recuerde un

templo y

sea leve como un resto de nube: mas que sea una nube

con ojos y nalgas. Lo de las nalgas es importantísimo.

De los ojos, entonces

ni decirlo: que miren con cierta maldad inocente. Una

boca

fresca (nunca húmeda) es también de extrema

pertinencia.

Es preciso que las extremidades sean flacas; que unos

huesos

sobresalgan, especialmente la rótula en el cruzar de

piernas, y las puntas pélvicas

cuando se enlaza una cintura ondeante.

Gravísimo es sin embargo el problema de los huesos

claviculares: una mujer sin ellos

es como un río sin puentes. Indispensable

que haya una hipótesis de barriguita, y en seguida

la mujer se alce en cáliz, y que sus senos

sean una expresión grecorromana, más que gótica o

barroca

y puedan iluminar la oscuridad con una potencia mínima

de 5 bujías.

Es muy menester que calavera y columna vertebral

casi se muestren; ¡y que exista un gran latifundio dorsal!

Que los miembros terminen como tallos, y bien haya un

cierto volumen de muslos

y que sean lisos, lisos como pétalo y cubiertos de

suavísima pelusa.

Sensibles, sin embargo, a la caricia o contrapelo,

es aconsejable en la axila una dulce gramilla con aroma

propio

casi imperceptible (¡un mínimo de productos

farmacéuticos!) .

Preferibles sin duda los pescuezos largos

de modo que la cabeza dé a veces la impresión

de ser ajena al cuerpo, y la mujer no recuerde

flores sin misterio. Pies y manos deben contener

elementos góticos

discretos. La piel debe ser fresca en las manos, brazos,

dorso y rostro

pero que las concavidades y los huecos tengan una

temperatura nunca inferior

a los 37 grados, pudiendo eventualmente provocar

quemaduras

de primer grado. Los ojos, que sean de preferencia

grandes

y su rotación al menos tan lenta como la de la tierra; y

que estén siempre más allá de un invisible muro de

pasión que es preciso traspasar. Que la mujer sea en principio

alta

O, si baja, que tenga la actitud mental de las altas

cumbres.

Ah, que la mujer dé siempre la impresión de que, si

cerráramos los ojos,

al abrirlos ella ya no estaría presente

con su sonrisa y sus enredos. Que ella surja, no que venga;

que parta, no que se vaya

y que posea una cierta capacidad de enmudecer

súbitamente y hacernos beber

la hiel de la duda. Oh, sobre todo

que no pierda nunca, no importa en qué mundo

no importa en qué circunstancias, su infinita volubilidad

de pájaro; y que acariciada en el fondo de sí misma

se transforme en fiera sin perder su gracia de ave; y

que exhale siempre

el perfume imposible; y destile siempre

la embriagadora miel; y cante siempre el inaudible canto

de su combustión; y no deje de ser nunca la eterna

bailarina

de lo efímero; y en su incalculable imperfección

constituya la cosa más bella y más perfecta de toda la

creación innumerable.

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Alejandra Pizarnik y el silencio

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yo me uno al silencio

yo me he unido al silencio

y me dejo hacer

me dejo beber

me dejo decir

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CÉSAR Ribba. Si Dios fuera mujer, de Benedetti

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Benditos malditos. Vinicius de Moraes, danza, porque hoy es sábado

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CRIStina Moscoso recita a su compatriota Rosalía de Castro

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Del libro “A orillas del Sar”.

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El despertar. Alejandra Pizarnik,

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Es el desastre

es la hora del vacío no vacío

es el instante de poner cerrojo a los labios,

oír a los condenados gritar,

contemplar a cada uno de mis nombres ahorcados en la nada.

Señor

tengo veinte años.

 También mis ojos tienen veinte años

y sin embargo no dicen nada.

El principio ha dado a luz el final.

Todo continuará igual:

las sonrisas gastadas

el interés interesado

las preguntas de piedra en piedra

las gesticulaciones que remedan amor

todo continuará igual.

Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo

porque aún no les enseñaron que ya es demasiado tarde.

Señor

arroja los féretros de mi sangre.

Señor

la jaula se ha vuelto pájaro

y ha devorado mis esperanzas

Señor

la jaula se ha vuelto pájaro

¿qué haré con el miedo?

,

Carlos Herrera ha escrito “Mujer”, dedicado a todas vosotras

,

,

Sylvia Plath. Edge

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actuación de FONT LIVI

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Porque hay que decirlo. Font Livi es el hombre que abre su bar a eso de las siete. No, de la mañana no, ¡por Dios! Se trata del Santa Bar, en la calle Santa Bárbara de Palma de Mallorca. Lo abre a eso de las siete de la tarde, y lo cierra más tarde, cuando ya es de noche.

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La mujer. Simone de Beauvoir

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AURORA Gallego diserta sobre la mujer

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Invisibilidades. El lado oscuro del corazón

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Manu Navarro recita su poema preferido de El lado oscuro del corazón

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El lado oscuro del corazón es una estupenda película de la que ya hemos visto unos cuantos pasajes poéticos en los Locos. Manu nos recuerda aquel que habla de las mujeres y de volar…

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La mujer ante el espejo. Virginia Woolf

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Finalmente estaba allí, en el vestíbulo. Se detuvo. Se quedó de pie junto a la mesa. Estaba absolutamente inmóvil. De inmediato, el espejo empezó a derramar sobre ella una luz que parecía dejarla allí clavada; que parecía corroer como el ácido lo accesorio y superficial, dejando sólo la verdad. Era un espectáculo delicioso. Todo se desprendía de ella —nubes, vestido, cesta, brillante— todo lo que habías llamado corregüela o clemátide. Allí estaba el sólido muro. Aquí la mujer. Permanecía de pie, desnuda, bajo esa luz despiadada. Y no había nada. Isabella estaba absolutamente vacía. No tenía pensamientos. No tenía amigos. No se preocupaba por nadie. En cuanto a su correspondencia, todo eran facturas. Mírala ahí de pie, vieja y angulosa, con sus venas y sus arrugas, con la nariz alta y el cuello lleno de pliegues, ni siquiera se toma la molestia de abrirlas.

La gente no debería dejar espejos colgados en las habitaciones.

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Pilar Alcántara puede entender al viento…

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Pilar no solo nos recita un poema sino que además protesta y lo hace a través de su pequeño discurso La mujer y su alma.

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Anne Sexton, la dama feroz

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CADAVER EXQUISITO

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Creado por el público asistente a los Locos de la Luna. Una palabra o expresión por persona, que algo queda. Asombra a veces la repetición de algunas palabras (ellos no pueden mirar lo escrito anteriormente). Asombra cómo se puede romper el sentido de las palabras, o cómo se organizan las ideas sin que nadie se lo espere.

Amanece el día triste agonizante

en la tristeza de la tarde

que termina y la noche

que comienza poniéndose

su compresa con alas

y la mañana que se asoma

soliloquio

de un no sé qué

qué sé yo

osea, miel amarga agridulce o seca

armonía diaria y mío

soledad, frialdad,

qué más da, es lo mismo, da igual

punto de volverse a calzar su compresa con alas

silencio

punto, ausencia, distancia

aguacate, vinagreta, “embossados” estamos,

¡más luz!

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PEP LLUIS, el nostre glossador

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La mujer

deseo

y placer.

La mujer

compañera y amiga

a la que se desea ver.

Ay la mujer….

…aquella que todo te lo hará perder.

Con ella el cielo puedes tocar

… y también llegarte a marear.

Puede ser tu inspiración…

… y tu maldición.

Ay la mujer…

la que deseas ver,

tocar,

besar,

amar.

La mujer es como el Madrid al Barça,

como el Barça al Madrid,

sin ella no puedes estar,

sin ella no puedes vivir.

La mujer es una necesidad,

como el comer,

más si cocina bien.

La mujer

deseo

y placer.

La mujer

compañera y amiga…

…ay la mujer.

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Las chicas son guerreras. Objetivo Birmania

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Los Locos de la Luna es un programa

presentado por Xisco Fuster

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Addenda

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Patricia Highsmith

Suspense

Si un escritor de suspense escribe sobre asesinos y víctimas, sobre gente sumida en el torbellino de esta terrible serie de hechos, debe conseguir algo más que la simple descripción de la brutalidad y la sangre derramada. Debería estar interesado en la justicia de este mundo, o en la ausencia de la misma, en lo bueno y en lo malo, en la cobardía y el coraje humanos, aunque no entendiéndolos simplemente como fuerzas que mueven una trama en una determinada dirección. En una palabra, su gente ficticia debe parecer real.

Una afición peligrosa

Al oír unos pasos rápidos en el pavimento, en un momento de calma del rugido del viento, la señora Palmer se incorporó un poco en la cama. Llegaba la señora Blynn. Un ansioso ceño transformó la fina piel de la frente de la señora Palmer, pero ella sonrió cortesmente, con una cortesía anticipada. Cogió el espejo de mango largo que había en la mesita de noche. Su cara grisácea había dejado de impresionarla o avergonzarla. La edad era la edad, la muerte era la muerte y aunque no era guapa, seguía sintiendo el impulso de hacer lo que pudiera por parecer más agradable al mundo.

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Ana María Matute

El verdadero final de la bella durmiente

Texto venta libro: Ana María Matute revisa el cuento clásico de Perault y, recupera el final original. El principal cambio respecto al cuento tal y como lo conocemos, es la antropofagia de la Reina Madre quien, según contaban los rumores ya había comido niños en su juventud. Ahora, aprovechando que el príncipe está luchando con su eterno adversario, Zozogrino, la Reina empieza a decirle que cocine a sus nietos y, luego, a la Bella Durmiente. Afortunadamente, la bondad del cocinero hace que sustituyan a los niños y la madre por animales. Literatura recomendada a partir de 12 años.

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Cuentos sexistas

(clica sobre la imagen para acceder a la página de El País)

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Laura Freixas

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André Bretón

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La unión libre

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Mi mujer de cabellera de fuego de madera,

de pensamientos de relámpagos de calor,

de cintura de reloj de arena.

Mi mujer de cintura de nutria entre los dientes del tigre.

Mi mujer de boca de escarapela y de ramo de estrellas de última magnitud,

de dientes de huellas de ratón blanco sobre la tierra blanca,

de lengua de ámbar y de vidrio frotados.

Mi mujer de lengua de hostia apuñalada,

de lengua de muñeca que cierra y abre los ojos,

de lengua de piedra increíble.

Mi mujer de pestañas de palotes de escritura infantil,

de cejas de borde de nido de golondrina.

Mi mujer de sienes de pizarra de techo de invernadero

y de vaho en los vidrios.

Mi mujer de hombros de champaña

y de fuente con cabezas de delfines bajo el hielo.

Mi mujer de muñecas de cerillos.

Mi mujer de dedos de azar y de as de corazones,

de dedos de heno cortado

Mi mujer de axilas de marta y de hayucos,

de noche de San Juan,

de ligustro y de nido de escalares,

de brazos de espuma de mar y de esclusa

y de mezcla del trigo y del molino.

Mi mujer de piernas de cohete,

de movimientos de relojería y de desesperación.

Mi mujer de pantorrillas de médula de saúco.

Mi mujer de pies de iniciales,

de pies de llaveros de pies de calafanes que beben.

Mi mujer de cuello de cebada no perlada.

Mi mujer de garganta de Valle de oro,

de cita en el lecho mismo del torrente,

de pechos de noche.

Mi mujer de pechos de topera marina.

Mi mujer de pechos de crisol de rubíes.

de pechos de espectro de la rosa bajo el rocío.

Mi mujer de vientre de despliegue de abanico de los días,

de vientre de garra gigante.

Mi mujer de espalda de pájaro que huye vertical,

de espalda de azogue,

de espalda de luz,

de nuca de canto rodado y de tiza mojada

y de caída de un vaso en el que acaba de beberse.

Mi mujer de caderas de barquilla,

de caderas de lustro y de penas de flecha

y de tronco de plumas de pavo real blanco,

de balanza insensible.

Mi mujer de nalgas de asperón y de amianto.

Mi mujer de nalgas de espalda de cisne.

Mi mujer de nalgas de primavera,

de sexo gladiolo.

Mi mujer de sexo de yacimiento de oro y de ornitorrinco.

Mi mujer de sexo de alga y de bombones antiguos.

Mi mujer de sexo de espejo.

Mi mujer de ojos llenos de lágrimas,

de ojos de panoplia violeta y de aguja imantada.

Mi mujer de ojos de sabana.

Mi mujer de ojos de agua para beber en la cárcel.

Mi mujer de ojos de madera siempre bajo el hacha,

de ojos de nivel de agua de nivel de aire de tierra y de fuego.

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