Programa 7. La palabra mensajera

Estándar

En los mensajes electrónicos, de los móviles y de los ordenadores, el mensaje es breve y se olvida o se borra. La letra maquinal no revela el estado de ánimo, y las expresiones irónicas están prohibidas, por eso existen la sonrisa o hacia arriba o hacia abajo y los emoticonos.

Las cartas, hoy día, ya no da gusto abrirlas: son todas facturas. No llevan más mensaje que aquel que dice que su codicia sufre de gula, tanto gasto; hay algo que vuela más rápido que las palabras, el dinero.

Las palabras escritas en papeles que nunca volvieron a ver los emisores, el mensaje íntimo que se resiste a la literatura o aquel que planea sobre ella, los sentires desnudos de los literatos más importantes.

No es de García Márquez

“La carta de despedida” se ha hecho famosa en el mundo gracias a la difusión del texto en forma de power point. Alguien la copió y la firmó con el nombre de García Márquez y la hizo circular por el etéreo mundo que nadie puede tocar pero en el que todo el mundo pasa horas y horas cada día, internet. Él dijo que no escribiría algo tan ridículo, aunque luego se dio cuenta de que tal exclamación no era políticamente correcta y lo suavizó diciendo que era muy bonito el texto, pero que no lo había escrito él.

En realidad, el texto lo escribió Johnny Welch:

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Font Livi y Manu Navarro interpretan…

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Carta de W. Mozart a su hermana Nannerl

Nannerl fue una niña prodigio. A los 5 años daba conciertos de clavicémbalo. Las mujeres del siglo XVIII, sin embargo, no disfrutaban de las mismas libertades que ahora. En cuanto nació el varón, Wolfang, la niña prodigio se vio relegada a un plano invisible. Todas las atenciones del padre se centraron en el hijo, olvidando a la niña.

Milán, 18 de diciembre de 1772.

Espero que te encuentres bien, mi querida hermana. Cuando recibas esta carta, querida hermana, esa misma noche, mi querida hermana, mi ópera se pondrá en escena. Piensa en mí, mi querida hermana, y haz todos los esfuerzos posibles, mi querida hermana, por figurarte que la ves y que la oyes, mi querida hermana. Es verdad que será difícil, puesto que son ya las once; si no fuera por eso, yo creo, sin duda alguna, que hay más luz en pleno día que en Pascua. Mi querida hermana, mañana cenamos en casa del señor von Mayer. ¿Y por qué? ¿Tú qué crees?… ¡Adivina!… Pues porque nos ha invitado. El ensayo de mañana se hará en el teatro mismo. Pero el impresario, signor Castiglioni, me ha rogado que no se lo diga a nadie; de otro modo acudiría todo el mundo, y eso es lo que no queremos. Así es que, mi niña, te ruego que no se lo digas a nadie, mi niña, por miedo a que venga demasiada gente, niña mía. Approposato, ¿conoces ya la aventura sucedida aquí?… Te la voy a contar. Hoy hemos salido de casa del conde Firmian para volver a la nuestra. Al llegar a nuestra calle hemos abierto la puerta de nuestra casa, y… ¿qué piensas que ocurrió?… ¡Que entramos!

¡Adiós, mi pulmón! Te abrazo, mi hígado, y soy, como siempre, estómago mío, tu indigno frater, hermano.

WOLFGANG

¡Oh!, por favor, te lo ruego, querida hermana, me pica…, ¡ráscame!

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Carta de Salvador Dalí a Picasso

El pintor surrealista llegó en 1926 al taller parisino de Picasso, al que admiraba. “He venido a verle”, le dijo Dalí, “antes de ir al Louvre”. Desde ese encuentro y hasta 1970 le envió 30 cartas. Picasso nunca contestó. Pero no por hostilidad, sino porque según dicen, no le gustaba escribir cartas. Nunca existieron diferencias entre ellos. Picasso había recomendado ver las obras de Dalí a un marchante muy poderoso. Otro hecho es que cuando Dalí fue expulsado del grupo surrealista, Picasso ayudó a pagar el primer viaje a EE.UU, que emprendieron Dalí y Gala en 1934, por lo que Dalí le estará infinitamente agradecido. Todo esto demostraría que no existió tal hostilidad ni mucho menos indiferencia de Picasso hacia Dalí, sino que, en palabras del mismo Dalí: “Éramos el mayor contraste que se pueda imaginar”.

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Pablo:

¡Gracias! Tus últimas pinturas ignominiosas han matado el arte moderno. Según tú, con el gusto y la moderación que son las verdaderas virtudes de la prudencia, hubiéramos tenido una pintura cada vez más y más fea, al menos durante cien años, antes de conseguir tus sublimes adefesios esperpentos. Tú, con toda la violencia de tu anarquismo ibérico has llegado al límite y a las consecuencias finales que deseabas, marcándola con el sello de tu propia sangre. Ahora todo lo que queda es volver los ojos una vez más a Rafael.

¡Dios te salve!

Salvador Dalí

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Carta a Huidobro. Gonzalo Rojas

El gran poeta chileno Gonzalo Rojas lee Carta a Huidobro. V Festival de Poesía de Medellín, 1995. Gonzalo Rojas ha recibido el premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, Premio Nacional de Literatura y José Hernández, en Argentina.

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INTERVENCIÓN CARLOS HERRERA

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Carta de Gandhi a Adolf Hitler

24 de diciembre de 1940

Algunos amigos me han instado a escribirle en nombre de la humanidad. Pero me he resistido a su petición, porque me parecía que una carta mía sería una impertinencia. Con todo, algo me dice que no tengo que calcular, y tengo que hacer mi llamamiento por todo lo que merezca la pena.

Está muy claro que es usted hoy la única persona en el mundo que puede impedir una guerra que podría reducir a la humanidad al estado salvaje. ¿Tiene usted que pagar ese precio por un objetivo, por muy digno que pueda parecerle? ¿Querrá escuchar el llamamiento de una persona que ha evitado deliberadamente el método de la guerra, no sin considerable éxito? De todos modos, cuento de antemano con su perdón si he cometido un error al escribirle.

Yo no tengo enemigos. Mi ocupación en la vida durante los últimos treinta y tres años ha sido ganarme la amistad de toda la humanidad fraternizando con los seres humanos, sin tener en cuenta la raza, el color o la religión.

Última frase: .¿Es demasiado pedir que haga un esfuerzo por la paz en un tiempo que tal vez no signifique nada para usted personalmente, pero que tiene que significar mucho para los millones de europeos cuyo mudo grito de paz oigo, pues mis oídos pueden escuchar la voz de millones de personas mudas?

El gobierno británico no permitió que esta carta fuera enviada ni se hiciera pública.

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Cartas a Theo. Vincent Van Gogh

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Autorretrato. París 1887.

“Se dice- y yo así lo creo- que es difícil conocerse

uno mismo; pero tampoco es fácil pintarse a

uno mismo. En este momento trabajo en dos

autorretratos; a falta de otro modelo,

 me pinto a mí mismo.”

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Florero con doce girasoles. Arlés. 1888

Gauguin me dijo el otro día

que había visto un cuadro de girasoles

de Claudio Monet, en un gran jarrón japonés

 muy bonito, pero que le gustan más los míos.”

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La silla de Gauguin. Arlés 1888

“Unos días antes de separarnos, pues la enfermedad me ha obligado

a ingresar en una casa de salud, intenté pintar -su lugar vacío-.

Es un estudio de la butaca de madera pardo-rojiza, con el asiento

de paja verdusca y -en el sitio del ausente- un candelabro encendido

 y unas novelas modernas…”

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Café de noche. Arlés. 1888

“Esto es lo que aquí llaman -café de noche-…

Los “vagabundos nocturnos” pueden encontrar asilo aquí

cuando no pueden pagarse un alojamiento o cuando están

demasiado borrachos para que los admitan en otro lugar.”

“En mi cuadro Café de Noche he intentado expresar

que el café es un lugar en el que uno puede arruinarse,

volverse loco, cometer un crimen.

Finalmente he buscado, a través de los contrastes entre

rosa suave y rojo de sangre y vino, los verdes claros Luis XV y

Veronés en contraste con los verdes amarillentos y los

verdes azulados duros, crear una atmósfera de horno infernal

de azufre desvaído, para expresar el poder de las tinieblas de

 un tabernucho.”

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La noche estrellada. Saint Rèmy. 1889

“Me interesan los cipreses, quisiera hacer algo

como con los cuadros de los girasoles, porque me asombra

que no hayan sido aún pintados como los veo yo.

El ciprés es bonito como madera y por sus

proporciones; es como un obelisco egipcio.

El verde es de un tono muy especial.

Es una mancha negra en un paisaje soleado, pero

es también una de las noches más interesantes;

que yo sepa la más difícil de pintar.”

“Creo que, de los cuadros de los cipreses, aquel del que

 te hago el boceto es el mejor.”

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Doctor Gachet. Auvers. 1890

“He conocido al doctor Gachet, y me ha dado la impresión

de ser bastante excéntrico, pero su experiencia como médico

lo debe de mantener en equilibrio.

Estoy trabajando en un retrato suyo; lleva en la cabeza

un gorro blanco, es muy rubio, muy claro;

tiene las manos de un color encarnado rosáceo, lleva un traje

azul y el fondo es azul cobalto, esta apoyado en una mesa roja,

sobre la cual hay unos libros de color amarillo y un ramito

de digital con flores rojas.

Hace unos años perdió a su mujer, pero es muy profesional

y su trabajo y su fe lo mantienen.

Ya somos muy buenos amigos…”

 

Fin: El 27 de Julio de 1890, Vincent Van Gogh, probablemente movido

por el terror a sufrir una nueva crisis, intenta quitarse la vida

disparándose un tiro. Regresa, herido, a la hostería

donde vive. El dueño avisa al doctor Gachet, que llama a Theo, el

cual se queda hasta el final, el 29 de Julio. Vincent es enterrado

en el cementerio de Auvers-Sur-Oise, donde

seis meses más tarde fue enterrado junto a él, su hermano Theo.

 

Carta a una poetessa. Carles Riba

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Ana Luz Mazza lee su carta

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Carta de Lord Byron a Teresa Guiccioli

  

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Byron conoció en Venecia a la condesa Teresa Guiccioli, una condesita provinciana de 19 años recién separada de su anciano marido.
 
   

Venecia, 22 de abril de 1819.

PS. Cuánto más feliz que yo será este folio que dentro de pocos días estará en tus manos- y quizá incluso lo lleves a tus labios! Con esta esperanza lo beso antes de que parta. Adiós, mi Alma.

23 de abril, las 4: En este momento recibo otras dos cartas: La irregularidad del correo ha sido causa de pesar para los dos pero, te lo ruego, Amor mío, no desconfíes de mí; cuando no recibas noticias mías, cree que estoy muerto antes de pensar que te soy infiel o ingrato. Responderé sin demora a tus queridísimas cartas. Se va el correo. Te beso 1000 veces.

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MARCELO lee su carta

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 Tres cartas de Dalí a Lorca

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1 – Figueras. finales de septiembre, principios de octubre. 1927

Querido:

¿Te has reventado de una intoxicación alcohólica? Yo hago una vida de máxima virtud -no bebo nada- absoluta castidad; el vicio es completamente artístico. Todas las mañanas boxeo con los soldados y hacemos largas carreras de resistencia; el cansancio cuando por la noche te vas a la cama es algo exquisito. El hombre pequeño y ruin es distinto. No sé nada de ti, escríbeme. ¿Que hacéis con la revista? Mis cuadrecitos puros y recién nacidos van a ser expuestos a los PUTREFACTOS de Barcelona.

Adiós, escríbeme si te pasa por la cabeza, ya sabes que puedes disponer de tu

DALI

Escribo en muchos sitios y pronto voy a empezar una colaboración DIARIA. Adiós. Eso me gusta. Estoy contento como siempre.

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2 – Cadaqués. julio 1928

…Tú eres una borrasca cristiana y necesitas de mi paganismo. La última temporada en Madrid te entregaste a lo que no te debiste entregar nunca. Yo iré a buscarte para hacerte una cura de mar. Será invierno y encenderemos lumbre. Las pobres bestias estarán ateridas. Tú te acordarás que eres inventor de cosas maravillosas y viviremos juntos con una máquina de retratar.

SALVADOR DALÍ

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El marido de la peluquera. Carta final

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Extraño momento de los Locos de la Luna

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Los Locos de la Luna es un programa

presentado por Xisco Fuster

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ADDENDA

 

La intimidad al descubierto

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Clica aquí y lee el reportaje de Amelia Castilla publicado en El País el 23 de octubre de 2010.

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Robert Musil

El sastre (fragmento)

 Desde que estoy aquí vivo en un sueño del orden, nadie critica mi conducta desmedida. Al contrario, entre los presidiarios soy una persona encantadora, mi inteligencia es extraordinaria. Soy una autoridad literaria, escribo las cartas de los vigilantes. Todo el mundo me admira. Yo, que en el mundo de los justos era un mediocre, en el de los injustos soy un verdadero genio moral, un intelectual de altos vuelos. No hago nada por dinero, sino por alabanza y auto admiración. Trabajo otra vez como sastre. Ah, la vida espléndida del trabajo, mi alma es una aguja finísima, vuela horas enteras, entra y sale por semanas, zumba como una abeja diligente. Y en mi cabeza hay tan poco como adentro de una tumba, y las abejas zumban.

Moses Mendelssohn

Cartas sobre los sentimientos (fragmento)

 Hay que distinguir entre la Venus celeste, que es la adecuación de los conceptos, y la Venus terrenal, o belleza. La experiencia de la belleza no es un asunto de conocimiento porque no podemos comprenderla mediante un proceso de análisis y definición, al igual que no experimentaríamos un mayor goce estético si poseyéramos facultades cognoscitivas más perfectas. La belleza tampoco es un objeto de deseo, porque en la medida en que algo es deseado deja de ser objeto de contemplación y goce estéticos. La característica especial de la belleza es el ser contemplada con placer sereno, insistiendo así en el carácter desinteresado de la contemplación estética.

Georges Simenon

Carta a mi juez (fragmento)

 Si hoy me preguntaran en qué se reconoce el amor, si tuviera que establecer un diagnóstico de lo que es el amor, diría: “En primer lugar, la necesidad de la presencia”. Y digo bien: necesidad, tan absoluta, tan vital como una necesidad física. “Después, la sed de comunicarse”. La sed de comunicarse consigo mismo y con el otro, porque uno se encuentra tan maravillado, tiene tal seguridad de estar viviendo un milagro, tanto miedo de perder algo que jamás había esperado, que la suerte no le debía y quizá le dio por distracción, que a todas horas se experimenta la necesidad de tranquilizarse y, para tranquilizarse, de comprender.

Franz Kafka

La Muralla China (fragmento)

 “El Imperio es eterno, pero el emperador vacila y se tambalea; dinastías enteras se derrumban y mueren en un solo estertor. De esas batallas y esas luchas no sabrá nada el pueblo; es como el retrasado forastero que no pasa del fondo de una atestada calle lateral, mientras en la plaza central están ejecutando al rey. Hay una parábola que describe muy bien esta relación. El emperador -así dicen- te ha enviado a ti, el solitario, el mas miserable de sus súbditos, la sombra que ha huido a la mas distante lejanía, microscópica ante el sol imperial; justamente a ti, el Emperador te ha enviado un mensaje desde su lecho de muerte. Hizo arrodillar al mensajero junto a su cama y le susurró el mensaje al oído; tan importante le parecía, que se lo hizo repetir. Asintiendo con la cabeza, corroboró la exactitud de la repetición. Y ante la muchedumbre reunida para contemplar su muerte -todas las paredes que interceptaban la vista habían sido derribadas, y sobre la amplia y alta curva de la gran escalinata formaban un círculo los grandes del Imperio-, ante todos ordenó al mensajero que partiera. El mensajero partió en el acto; un hombre robusto e incansable; extendiendo primero un brazo, luego el otro, se abre paso a través de la multitud; cuando encuentra un obstáculo, se señala sobre el pecho el signo del sol: adelanta mucho más fácilmente que ningún otro. Pero la multitud es muy grande: sus alojamientos son infinitos. Si ante él se abriera el campo libre, cómo volaría, qué pronto oirías el glorioso sonido de sus puños contra tu puerta. Pero en cambio, qué vanos son sus esfuerzos: todavía está abriéndose paso a través de las cámaras del palacio central; no acabará de atravesarlas nunca; y si terminara, no habría adelantado mucho; todavía tendría que cruzar los patios; y después de los patios el segundo palacio circundante; y nuevamente las escaleras y los patios; y nuevamente un palacio, y así durante miles de años; y cuando finalmente atravesara la última puerta -pero esto nunca, nunca podría suceder- todavía le faltaría cruzar la capital, el centro del mundo, donde su escoria se amontona prodigiosamente. Nadie podría abrirse paso a través de ella, y menos aún con el mensaje de un muerto. Pero tú te sientas junto a tu ventana, y te lo imaginas cuando cae la noche.

Carta Beethoven a una niña de 8 años

Toeplitz, 17 de Julio de 1812.

 ¡Mi querida y buena Emilia, mi querida Emilia!:

Mi respuesta a tu carta llega tarde; un cúmulo de ocupaciones y mi persistente indisposición me excusan. Mi presencia aquí para el restablecimiento de mi salud prueba la veracidad de mis excusas. -No arranques a Haendel, Haydn y Mozart su corona de laurel; les pertenece a ellos y no a mí todavía-. Guardo tu billetera entre otras señales de la estima que me han demostrado otras personas, y que todavía no merezco.

Continúa, no ejercites tan sólo tu arte, sino penetra en su intimidad; él lo merece, pues sólo el arte y la ciencia elevan al hombre hasta la divinidad. Si alguna vez deseas alguna cosa, mi querida Emilia, escríbeme con toda confianza. El verdadero artista no tiene orgullo; bien sabe que el arte no tiene límites; siente oscuramente hasta qué punto está alejado de su objetivo, y mientras otros, puede ser, le admiran, deplora no haber llegado todavía ahí donde su genio mejor brilla para él como un sol lejano.

Posiblemente iría gustoso a tu casa, con los tuyos, que a las casas de muchos ricos en las que se adivina la pobreza de su espíritu. Si voy alguna vez a Hamburgo, iré a tu casa con los tuyos. No reconozco en ningún hombre otro signo de superioridad más que la bondad. -Ahí donde la encuentro, ahí está mi hogar-.

 Si quieres escribirme, querida Emilia, dirige tu carta aquí, donde pasaré algunas semanas todavía, o bien a Viena; es lo mismo. Considérame como tu amigo y el de tu familia.

Ludwig van Beethoven

Carta de Isabel II de Borbón a un turco-albanés

4 de mayo de 1870

Mi Jorge de mi vida, alma del alma mía. Yo te adoro a cada instante más y más y más. Siento mi vida toda dentro de tu vida bendita mía. Sí, yo te enseñaré el castellano; tú ya lo sabes, mi vida. Yo también de seguro entiendo el albanés, porque te adoro y el amor verdadero, el amor del alma, hace que se hablen todos los idiomas del mundo, porque el lenguaje del amor es superior a todos. Sí, alma mía; sí, mi vida; sí, mi Jorge adorado, tú me enseñarás el albanés y el inglés y todos los idiomas, y yo te enseñaré a ti el lenguaje de mi alma, que es la tuya misma y que te adora infinito, infinito Puesto que lo quieres, cuando tú vayas a España, me quedaré en París esperando que tú me llames, vida de la vida mía, y entregues a mi hijo el cetro y corona de España. Yo puede que cuando tú menos te esperes me encuentres a tu lado. ¡O [sic] mi Jorge, yo no temo los peligros! Nuestro amor nos serbirá [sic] de escudo. Pero quiero que tú reposes de tus fatigas en mi pecho, que se abrasa de amor por ti. Yo quiero la corona para mi hijo y para ti, Jorge mío, yo solo quiero la corona de la felicidad que tú me darás y que ya siento dentro de mi corazón, que es tuyo, y que te adora y admira como mereces [sic]. Y yo solo quiero estar a tus pies siempre y hacerte muy feliz como lo espero, Jorge de mi vida. El lunes nos veremos y seremos felizes [sic]. El buen Losa irá el lunes mismo a decirte la hora. Si no pudiera ser el lunes, será el martes sin falta cuando Dios nos abrirá todos sus cielos estando abrazados. Y decidiremos todo, y el universo se sonreirá de felizidad [sic] al ver nuestra felizidad [sic]. Toma estas rosas, vida de la vida mía, del color de nuestro amor. Les he dado -para ti millones de amantes besos. Ellas te lleban [sic] toda la [palabra ilegible] con que te adora tu

YSABEL.

Jorge mío, yo te adoro como tú mereces: infinito. Mi vida, mi alma y mi cuerpo son tuyos. Yo te idolatro, Jorge mío.

Las habitaciones de Isabel se abrieron de par en par a un número interminable de hombres, entre ellos un turco-albanés de nombre Jorge. Isabel fue una mujer que, sencillamente, quiso y hasta necesitó, por razones humanas y políticas, practicar su sexualidad.

Carta de Julio Cortázar a Alejandra Pizarnik

París, 9 de septiembre de 1971

Mi querida, tu carta de julio me llega en septiembre, espero que entre tanto estás ya de regreso en tu casa. Hemos compartido hospitales, aunque por motivos diferentes; la mía es harto banal, un accidente de auto que estuvo a punto de. Pero vos, vos, ¿te das realmente cuenta de todo lo que me escribís? Sí, desde luego te das cuenta, y sin embargo no te acepto así, no te quiero así, yo te quiero viva, burra, y date cuenta que te estoy hablando del lenguaje mismo del cariño y la confianza –y todo eso, carajo, está del lado de la vida y no de la muerte. Quiero otra carta tuya, pronto, una carta tuya. Eso otro es también vos, lo sé, pero no es todo y además no es lo mejor de vos. Salir por esa puerta es falso en tu caso, lo siento como si se tratara de mí mismo. El poder poético es tuyo, lo sabés, lo sabemos todos los que te leemos; y ya no vivimos los tiempos en que ese poder era el antagonista frente a la vida, y ésta el verdugo del poeta. Los verdugos, hoy, matan otra cosa que poetas, ya no queda ni siquiera ese privilegio imperial, queridísima. Yo te reclamo, no humildad, no obsecuencia, sino enlace con esto que nos envuelve a todos, llámale la luz o César Vallejo o el cine japonés: un pulso sobre la tierra, alegre o triste, pero no un silencio de renuncia voluntaria. Sólo te acepto viva, sólo te quiero Alejandra.

Escribíme, coño, y perdoná el tono, pero con qué ganas te bajaría el slip (¿rosa o verde?) para darte una paliza de esas que dicen te quiero a cada chicotazo.

Julio

 Julio y Alejandra se conocieron entre 1960 y 1964 en París. Desde el primer momento los unió la pasión por Rimbaud, por Janis Joplin, por la literatura… Cortázar admiraba la labor poética de Alejandra, y se convirtió en algo así como su ángel protector.

Carta de Pablo Neruda a Albertina Rosa

Pequeña, ayer debes haber recibido un periódico, y en él un poema de la ausente (tú eres la ausente). ¿Te gustó, pequeña? ¿Te convences de que te recuerdo? En cambio tú. En diez días, una carta. Yo, tendido en el pasto húmedo, en las tardes, pienso en tu boina gris, en tus ojos que amo, en ti. Salgo a las cinco, a vagar por las calles solas, por los campos vecinos. Sólo un amigo me acompaña, a veces.

He peleado con las numerosas novias que antes tenía, así es que estoy solo como nunca, y estaría como nunca feliz, si tu estuvieras conmigo. El 8 planté en el patio de mi casa un árbol, un aromo. Además traje de las quintas, pensando en ti, un narciso blanco, magnífico. Aquí, en las noches, se desata un viento terrible. Vivo solo, en los altos, y a veces me levanto, a cerrar la ventana, a hacer callar a los perros. A esa hora estarás dormida (como en el tren) y abro una ventana para que el viento te traiga hasta aquí, sin despertarte, como yo te traía.

Además elevaré mañana, en tu honor, un volantín de cuatro colores, y lo dejaré irse al cielo de Lota Alto. Recibirás, querida, un largo mensaje, una de estas noches, a la hora en que la Cruz del sur pasa por mi ventana (…) A veces, hoy, me da una angustia de que no estés conmigo. De que no puedas estar conmigo, siempre.

Largos besos de tu Pablo.

 Neruda conoció a Albertina en 1921 cuando ambos estudiaban francés en el Instituto Pedagógico de Santiago. Más o menos de la misma edad -16 ó 17 años-, traban amistad y en el muchacho se enciende de inmediato una febril pasión. En 1923, escribe su primera carta cuando ella se traslada a la ciudad de Concepción. Neruda viaja al Oriente, y la sigue escribiendo muchas cartas, en las cuales le expresa su pasión, le reprocha su indiferencia y le suplica. Ante los silencios obstinados de la chica, Neruda decide olvidarla un tiempo, y se casa con una joven holandesa. Un mes más tarde, Neruda le pide al director de una revista que publique de manera destacada la foto matrimonial, con el secreto propósito de mortificar un poco a Albertina. Nunca se supo de la reacción de ella, pero cinco años más tarde se casaría con un poeta.

 Carta de Federico García Lorca a Miguel Hernández

(Esta carta fue transcrita por Concha Zardoya del original (hoy perdido) en el archivo de Josefina Manresa.

[1933]

Mi querido poeta:

No te he olvidado. Pero vivo mucho y la pluma de las cartas se me va de las manos. Me acuerdo mucho de ti porque sé que sufres con esas g3entes puercas que te rodean y me apeno de ver tu fuerza vital y luminosa encerrada en el corral y dándose topetazos por las paredes. Pero así aprendes. Así aprendes a superarte en ese terrible aprendizaje que te está dando la vida. Tu libro está en el silencio, como todos los primeros libros, como mi primer libro, que tanto encanto y tanta fuerza tenía. Escribe, lee, estudia. ¡LUCHA! No seas vanidoso de tu obra. Tu libro es fuerte, tiene muchas cosas de interés y rebela a los buenos ojos pasión de hombre, pero no tiene más cojones, como tú dices, que los de casi todos los poetas consagrados. Cálmate. Hoy se hace en España la más hermosa poesía de Europa. Pero por otra parte la gente es injusta. No se merece Perito en lunas ese silencio estúpido, no. Merece la atención y el estímulo y el amor de los buenos. Eso lo tienes y lo tendrás porque tienes la sangre de poeta, y hasta cuando en tu carta protestas tienes en medio de cosas brutales (que me gustan) la ternura de tu luminoso y atormentado corazón.

Quisiera que pudieras superarte de la obsesión, de esa obsesión de poeta incomprendido, por otra obsesión más generosa política y poética. Escríbeme. Quiero hablar con algunos amigos para ver si se ocupan de Perito en lunas. Los libros de versos, querido Miguel, caminan muy lentamente. Yo te comprendo perfectamente y te mando un abrazo mío fraternal, lleno de cariño y de camaradería.

FEDERICO

(Escríbeme.)

 Esta carta pertenecen al libro “Federico García Lorca: Epistolario”, volumen II, de Alianza Editorial.

Carta de Lewis Carroll a Gertrude Chataway

9 de diciembre de 1875

Querida Gertrude:

¿Sabes una cosa? Ya no se pueden enviar besos por correo: el paquete pesa tanto que resulta muy caro. Cuando el cartero me trajo tu última carta, me miró con aire severo y me dijo: «Tiene que pagar dos libras, señor. Exceso de peso». (Creo que me tima. Siempre me hace pagar dos libras cuando deberían ser dos peniques.) «¡Por favor, señor cartero». le dije hincando gentilmente una rodilla en tierra (tendrías que haberme visto arrodillándome delante de un cartero; es una imagen muy bonita), «perdóneme por esta vez! Es de una niña.» «¿De una niña?», gruñó, «¿y qué tienen de especial las niñas? «Que son de azúcar y canela», empecé a decir, «y de todo lo que…» Pero él me interrumpió: «¡No me refiero a esto! Quiero decir qué tienen de bueno las niñas que mandan cartas tan pesadas». «La verdad. no mucho, francamente», dije yo con tristeza.

«Procure no recibir más cartas como ésta», dijo él, «al menos, que no sean de esta niña. La conozco bien y es bastante mala.» ¿Verdad que no es cierto? No creo que te haya visto siquiera. Y tú no eres mala, ¿o sí? Con todo, le prometí que nos escribiríamos muy poco. «Sólo dos mil cuatrocientas setenta cartas», le dije. «¡Ah!», dijo él, «si son tan pocas no tiene importancia. Lo que yo quise decir es que no escribiesen “muchas”.»

Ya ves, a partir de ahora tendrás que llevar la cuenta y, cuando lleguemos a la dos mil cuatrocientos setenta, no nos escribiremos más, a menos que el cartero nos dé permiso. Tu querido amigo,

Lewis Carroll

Lewis Carroll (Reverendo Charles Dodgson). Conoció a Gertrude Chataway en 1875, una de sus más cercanas “amigas niñas”.

 La última carta de Federico García Lorca

Madrid, principios de junio de 1936

Señorito musiquito

Adolfito Salazar,

de su Amigo Federico

(Urgente)

Queridísimo Adolfo:

Me voy dos días a Granada para despedirme de mi familia. Como me voy en auto, por eso ha sido la cosa precipitada y nada te dije.

Me gustaría que si tú pudieras, y sin que lo notara Bagaría, quitaras la pregunta y la respuesta que están en una página suelta y escrita a mano, página 7 (bis), porque es un añadido, y es una pregunta entre el fascio y el comunismo que me parece indiscreta en este preciso momento, y además está ya contestada antes. Así es que tú la quitas y luego como si tal cosa. No conviene que se entere nadie de esto, pues sería fastidioso para mí.

Abrazos.

Federico

Federico fue ejecutado dos meses después de escribir esta carta, el 18 de Agosto, cerca de su casa en Granada.

Carta de Paco Rabal a su mujer Asunción Balaguer

Sueño una tarde andaluza y una larga carretera. Mi mano sobre tu mano, promesa sobre promesa, y una noche en la Giralda con un gran fondo de estrellas. Sueño un paseo por Triana y los cascos de una yegua lentos, cansados de sol de una mañana cualquiera. Y en el delirio del sueño, mil fuentes me suenan cerca, y la Alhambra se me yergue bruja, altiva y somnolienta. Pintada en verde y en rojo, en cielo, viento y en piedra.

Carta de Charles Bukowski a John William Corrington

Pero la escritura, por supuesto, cómo el matrimonio, la caída de la nieve o las llantas de los autos, no siempre perdura. Tú puedes ir a la cama el miércoles en la noche siendo un escritor y despertar el jueves por la mañana y ser otra cosa totalmente diferente. O puedes irte a la cama el miércoles por la noche siendo un plomero y despertar el jueves por la mañana siendo un escritor. Este es el mejor tipo de escritores… Muchos de ellos mueren. Claro. Por sus arduos intentos; o por otro lado, porque se vuelven famosos y todo lo que escriben es publicado y ya no tienen que buscar más. La muerte tiene muchas avenidas. Y si a pesar de todo tú dices que mi material te gusta, quiero que sepas que si se vuelve roto, no será porque trate demasiado duro o muy poco, será porque me quedado o sin cervezas o sin sangre. Para lo que sirva, puedo permitirme esperar: Tengo mi vara y tengo mi arena.

Charles Bukowski

El escritor y poeta Charles Bukowski escribió esta carta a John William Corrington, un guionista de cine y televisión, además de novelista, poeta y abogado.

   
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

 

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